«Iba a hacer unos recados y no me di cuenta de que corría»

'La Verdad' asiste a un control de la Guardia Civil en Molina, donde fueron sancionados 26 de los 210 conductores que pasaron por la zona

Alicia Negre
ALICIA NEGREMurcia

Diez de la mañana. Uno de los coches camuflados de la Guardia Civil de Tráfico se detiene frente a un chalé abandonado en la urbanización molinense de Los Conejos. En los dos carriles -en cada sentido- de la carretera RM-A5 que cruza ese núcleo de viviendas -salpicado de pasos de peatones- la velocidad está limitada a 50 kilómetros por hora. Un tope que, confirma el capitán del subsector de Tráfico de la Guardia Civil, Agapito Cánovas, muchos no respetan y que ha colocado ese tramo entre los 31 de toda la Región en los que Tráfico redobla la vigilancia por su «especial peligrosidad».

En el interior del automóvil, un agente comienza a manejar un radar que, en la próxima hora, se encargará de seguir de cerca la circulación de 210 automóviles. Los conductores son advertidos, por una señal, de que se está realizando un control en la zona -una alerta que no siempre se produce-. El que avisa no es traidor. Pese a ello, sin embargo, 26 automovilistas, más de un 10%, acabarán siendo sancionados esa mañana por exceso de velocidad.

«Soy vecino y voy a Molina a hacer unos recados. No me di cuenta de que corría», cuenta un jubilado que fue sorprendido circulando a 66 kilómetros por hora, sobrepasando en 16 el límite de la vía. «No suelo correr porque no tengo prisa». En apenas unos minutos, un Audi Q5 pasa por la zona a 81 kilómetros por hora. Le sigue de cerca un Nissan Tino, que circula a 68 kilómetros por hora.

«A 120 kilómetros necesitas un campo de fútbol para frenar tu coche», recuerda el capitán Cánovas

Apenas a un kilómetro del punto donde se ubica este primer vehículo, un equipo de agentes de la Guardia Civil, siguiendo las instrucciones de su compañero, detiene a los conductores que van más rápido de lo debido. Entre los sancionados, caras de sorpresa y de fastidio. Los automovilistas que cambien de trayectoria y no sean notificados en el momento, recibirán -más o menos en una semana- su multa por correo.

La sanción varía en función del exceso de velocidad que se haya producido y oscila entre los 100 y los 600 euros. Si el conductor opta por abonar en el momento la multa se beneficia de una rebaja del 50% del importe. Puede acarrear, además, la pérdida de hasta seis puntos del carné. En el caso de que el automovilista sobrepase en más de 60 kilómetros por hora el tope, afrontaría un delito. El capitán Cánovas explica que esos casos tan extremos se dan, sobre todo, en autovías y autopistas.

Campaña hasta el domingo

Este control es uno de los muchos que la Benemérita tiene previsto llevar a cabo esta semana en las carreteras murcianas en el marco de una campaña especial contra el exceso de velocidad. Alrededor de 20.000 automóviles serán vigilados hasta el domingo. Para ello, la Guardia Civil cuenta con cuatro radares móviles y con tres trípodes que se colocan en diferentes vehículos del cuerpo y se mueven por toda la Región «para que no se quemen». Los automóviles pueden estar parados a un lado de la carretera o en movimiento, vigilando la velocidad a la que marchan los conductores de su alrededor.

Estos aparatos cuentan con un margen de error por lo que no saltan inmediatamente cuando el conductor sobrepasa el límite de velocidad que marca la señal. En el caso de las carreteras secundarias, se da una tregua de 7 kilómetros por hora. Por encima de 100 kilómetros por hora, el margen es de un 7% de la velocidad máxima.

El capitán del subsector de Tráfico de la Guardia Civil explica que los excesos de velocidad no guardan tanta relación con la edad del conductor como con su poder adquisitivo. «La gente joven suele tener coches peores». También los currantes son objeto de muchas de estas sanciones. «Los comerciales corren más porque es su trabajo y el tiempo es oro». Pese a esas prisas, el capitán Cánovas remarca el papel que juega la velocidad en la siniestralidad. Utiliza para ello el claro ejemplo que la DGT está empleando este verano para advertir de estos controles: «A 120 kilómetros necesitas un campo de fútbol para frenar tu coche». Nada como levantar el pie del acelerador para mantenerse a salvo.

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