«Si quieres ver llorar a alguien, regálale flores; van directas al corazón»

Toñi Bernal Gil. Dueña de Floristería Rocío

MINERVA PIÑERO

Establecida en el Cabezo de Torres, Toñi Bernal se encarga de embellecer desde familiares ceremonias locales hasta grandes pedidos internacionales, pasando por desfiles de alta costura de la talla de diseñadores como Hannibal Laguna o Juanjo Oliva. Después de 35 años atendiendo a los clientes, sus diseños florales han conseguido el primer puesto en el 'Flowers World Portugal International Cup', evento al que se presentó por segunda vez hace unos días en Oporto y en el que se enfrentó a 25 floristas procedentes de todo el mundo. El premio, valorado en 3.000 euros, será destinado a cursos de arte y diseño floral.

-¿Ha pasado de moda la clásica rosa?

-Por la tranquilidad que transmite y por su belleza, es una flor que siempre está a la orden del día. La mayoría de mis clientes, los hombres, muy agradecidos y detallistas, siguen apostando por ella. Junto con las hortensias y las flores silvestres, las rosas ocupan el pódium en las demandas de los compradores: a la gente le atrae todo lo que proceda de la naturaleza.

-¿No utiliza flores artificiales?

-Recurro a ellas cuando es estrictamante necesario. Para adornar sitios oscuros, por ejemplo, son una buena alternativa. Procuro que el resultado se acerque lo más posible a la realidad.

-Engalana bautizos y funerales.

-Sí, y no tengo preferencia por ninguno de ellos. Cualquier reto me apasiona, sea el motivo de celebración más o menos alegre. Por ello, no me gusta elaborar las típicas coronas de funerario, prefiero crear arreglos florales que enamoren al cliente. Si tienes la imaginación totalmente abierta, no existen las barreras.

-Florista I de su linaje. ¿Por qué empezó?

-Cuando me di cuenta de que no existía ninguna floristería estable en mi entorno, decidí montar mi propio negocio. Todo lo relacionado con la naturaleza y la cultura floral siempre me ha apasionado, dos temas bastante desconocidos por la sociedad que me gustaría explicar a mis clientes. Concienciar a la gente de la importancia de la naturaleza, el único arte que nos acerca a los seres vivos que nos dan oxígeno, las plantas, es fundamental.

-Pero sus flores, al final, dejan de respirar. Se marchitan.

-Desde la existencia de palacios y castillos, la flor se ha cultivado para mostrar su belleza en jardines y jarrones, como símbolos de delicadeza, perfección y sensibilidad. Ella puede marchitarse, pero la planta no muere. Si quieres ver llorar a alguien, regálale flores: van directas al corazón.

-¿Qué diferenció sus diseños florales del resto?

-El tema del concurso era 'Te quiero Oporto', y, en dos de sus siete pruebas, teníamos que hacer referencia al eslogan. Para representar la sencillez de los naturales de aquella ciudad, utilicé la rafia y, para simbolizar el espíritu luchador de los portugueses, incorporé el alambre a la estructura de mis trabajos. La rosa de jardín roja, la semilla de higuera, el hericium y la hortensia azul y verde, fueron mis protagonistas.

-¿Cuál fue la mayor dificultad durante el concurso?

-Trabajar a contrarreloj e improvisando. La creación de un ramo de novia, vestir a una modelo con flores, realizar un trabajo con plantas, mostrar una creación floral propia y realizar tres trabajos sorpresa fueron las siete pruebas a las que nos enfrentamos. Los últimos, los pedidos sorpresa, fueron especialmente complicados: el jurado, formado por diez personas, no nos anunció los materiales ni las flores que teníamos que utilizar hasta el último momento. Querían comprobar si sabíamos improvisar.

-¿Apuesta por el uso de las flores en la cocina?

-Todo lo que sea comestible y vegetal es beneficioso para el ser humano. Necesitamos volver a nuestros orígenes, regresar a la naturaleza.

-¿La flor más cara?

-El delicado muguet de mayo, la flor nacional de Francia. Por tradición, en el país galo se regala el primer día del mes que le da nombre a las personas queridas.

-¿Dónde estaría si su negocio no hubiese prosperado?

-Me dedicaría a la cocina, seguro. Saber qué alimentos ingerimos y cómo deberíamos comer es tan importante como entender la magnitud de la naturaleza, dos realidades que se están perdiendo en la educación.

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