«¡No se puede ni andar!»

Los servicios de limpieza municipales, quitando el barro ayer en la rambla de Espinardo.
Los servicios de limpieza municipales, quitando el barro ayer en la rambla de Espinardo. / Vicente Vicéns / AGM

Los vecinos respiran aliviados porque esta vez no hubo daños graves, aunque lamentan el mal estado de la zona

MARÍA AGUILARMURCIA

Amplias zonas embarradas, calles cortadas y decenas de operarios de los servicios de limpieza municipales afanados para ponerle solución al asunto. Ese fue el panorama al que ayer se enfrentaron los vecinos Espinardo, especialmente los más cercanos a la rambla que atraviesa la población. Este entorno, que es punto habitual de inundaciones y destrozos, quedó una vez más anegado debido a las intensas lluvias que el martes azotaron toda la Región.

Por suerte, la tormenta no fue tan dañina como otras ocasiones, pero los vecinos aseguran que les tuvo en vilo toda la noche.

En los locales más cercanos a la rambla ya están acostumbrados al desastre que causan las inundaciones cada vez que hay lluvias intensas. «Esta vez no ha habido problemas, pero otras sí que ha entrado el agua y se nos ha anegado el establecimiento, a pesar de que solemos poner una barrera de cemento para frenarla», explicaba ayer el dueño de uno de los negocios.

Aunque la tormenta no fue tan dañina como otras veces, muchos pasaron toda la noche en vela

A pesar de que estas primeras lluvias de la temporada se hayan salvado sin tener que lamentar grandes daños, los residentes lamentan el estado en que ha quedado la zona. «¡No se puede ni andar!», se quejaba una viandante mientras trataba de atravesar una de las calles haciendo equilibrios sobre el barro. Rafael García, de 92 años, también avanzaba con dificultad por la acera hasta uno de los edificios situados justo al final del cauce. Este vecino, que como cada mañana se dirigía a su taller de artesanía, recordaba la cantidad de veces que el agua se ha colado en su bloque. «El martes solo entró un poco, pero otras veces ha llegado hasta el tercer escalón, aunque a las casas no, por suerte».

Otros se felicitaban por el hecho de que los vehículos aparcados en la zona de la rambla hubieran salido indemnes. «A veces ha crecido tanto el caudal que se ve a los coches flotar literalmente y a algunos hasta se los ha llevado la riada», relataba una vecina mientras esperaba su turno en una tienda.

Los servicios de limpieza trasladados hasta Espinardo estuvieron trabajando toda la mañana para adecentar las calles. Solo en las inmediaciones de la rambla se podían contar hasta cuatro camiones equipados con agua a presión y decenas de operarios para retirar el barro acumulado en aceras y calzada. Según explicaban algunos trabajadores, lo peor se vivió a primera hora de la noche, cuando el caudal llegó a subir incluso por encima de los bancos de un parque.

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