Privatiza que algo (se nos) queda

Demasiado perro

Vamos a ver, ¿no decís que privatizar mola, que mejora los servicios? ¿Y luego hay un problema y reconocéis que la empresa no cumple?

JERÓNIMO TRISTANTE

En estos días estoy volviendo a ver la fantástica serie de HBO ‘The Newsroom’, en la que un grupo de aguerridos periodistas capitaneados por un inmenso Jeff Daniels luchan por conseguir demostrar que un votante bien informado no es sino una garantía de que el sistema funcionará de la mejor de las maneras posibles. Y es que, en estos días de conductores cabreados y usuarios de nuestro sistema sanitario desatendidos, es cuando más necesario se hace que los ciudadanos comprendamos que tenemos la obligación de saber qué votamos. Un ciudadano libre, un vecino con espíritu cívico, debe procurar estar bien informado.

Bienvenidos a la realidad, amigos. Y es que si uno vota a un partido de marcado corte neoliberal, no ha de sorprenderse cuando llega el día en que un servicio público no funciona como debiera debido a que se privatizó y la empresa en cuestión no cumple porque va a lo que va, ganar pasta. Así de simple. Después de la caída del comunismo y de que hasta los más recalcitrantes hijos de Lenin entendieran que aquello no funcionaba, los neocon sacaron pecho. Y es a raíz de aquello que todos vivimos cómo ese neoliberalismo salvaje que parecía haber triunfado nos llevaba a la debacle. No soy partidario de que el Estado tenga una intervención excesiva en la vida de los ciudadanos, pero lo que pasó en este país en la crisis de la burbuja inmobiliaria demostró que hay ciertos poderes a los que el Estado debe poner coto. La ley del suelo de Aznar, unida a la voracidad de unas cajas de ahorros dirigidas por los propios políticos, nos llevó a una debacle económica sin parangón de la que aún no hemos levantado cabeza. Quedó demostrado que dejar que todo quedara al albur del ‘mercado’ era un locura. Y a los hechos me remito.

Privatizar a lo cañí. Creo que en los primeros días de Aznar, ciertos sectores liberales de su partido creían sinceramente que ese enfoque suyo de «deja al mercado a su aire» era la respuesta. Pero aquello se confundió. Comenzaron a privatizar y privatizar empresas y aquello, al ser tamaña la teta pública, derivó en una lluvia de millones para los más vivos. Es por esto que el PP está en las últimas, acosado por la más profunda corrupción, porque esta gente entendió por privatizar: «hacer negocios con mis amiguetes con dinero público». Aquello de adelgazar al Estado para ahorrar gastos se convirtió en «subimos la minuta de lo que cuesta todo para que sea mayor el pelotazo». Y es ahora, cuando ya no se sabe dónde empieza el partido y dónde terminan las empresas, un ‘totum revolutum’.

AP-6. El otro día escuché a uno de los chicos de Zoido. Se llama Gregorio Serrano. Es curioso, pero cuando escuchas a cualquiera de los del equipo de este hombre o, incluso a él mismo, tienes la sensación de estar escuchando al tristemente fallecido Manolo de Vega en lugar de a un director general o a un ministro. El caso es que Serrano, director general de la DGT, se despachó a gusto con lo de la AP-6. Primero dijo que la culpa era de los conductores, luego, cuando alguien debió hacerle ver que esos ‘pringaos’ deben votarle, cambió de tercio y dijo que la culpa era de la empresa concesionaria, Abertis. Vamos a ver, ¿no decís que privatizar mola, que mejora los servicios? ¿Y luego hay un problema y reconocéis que la empresa no cumple? Las personas que eligieron otras vías, de titularidad pública, no se vieron en una ratonera. Si pagas 12 ‘pavos’ por ir por una autopista, lo normal es que esta se encuentre en perfectas condiciones, ¿no? Si usted, don Gregorio, le echa la culpa a la empresa, es que quizá privatizar servicios no sea tan bueno.

La gripe. Otra que tal. Después de 22 años de ataque, el Servicio Murciano de Salud se ve tocado. Son muchos años de privatizaciones, de concesiones, que terminan por perjudicar el servicio. No es casualidad que Murcia sea la segunda comunidad por la cola en gasto per cápita en Sanidad. Y claro, viene una epidemia de gripe –perfectamente previsible– y no se contrata a más profesionales ni se habilitan espacios necesarios. Luego, si la práctica demuestra que privatizar perjudica a la mayoría de los ciudadanos, ¿por qué lo hacen? Y los ciudadanos, ¿por qué votan por esto? Habrá que reflexionar si siguen votando neoliberalismo. Porque ellos, la culpa se la echan a la nieve y a los virus. Como en la Edad Media.

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