El MIR o la presión de jugarse una carrera en 5 horas

Aspirantes en una de las aulas de la Universidad de Murcia, ayer, durante el examen MIR./Juan Carlos Caval / AGM
Aspirantes en una de las aulas de la Universidad de Murcia, ayer, durante el examen MIR. / Juan Carlos Caval / AGM

Más de 14.000 graduados, 735 de ellos en Murcia, optaban ayer a una de las 6.513 plazas de Médico Interno Residente. La UMU aspira a repetir sus excelentes resultados

Pedro Navarro
PEDRO NAVARRO

MIR. Este acrónimo podría corresponderse con las siglas de 'menudo insomnio recurrente', 'mucha información que retener' o 'me importa (demasiado) el resultado'. De hecho, entre quienes han estado hincando los codos con más fuerza por estas fechas, son significados más que posibles. Pero, para el común de los mortales en nuestro país tiene un significado unívoco: Medico Interno Residente. Todo aquel decidido a dedicarse a la medicina en España, donde la atención sanitaria privada tiene un peso relativamente pequeño, sabe que tarde o temprano tendrá que acceder a este sistema de formación de especialistas, insoslayable si se quiere ejercer dentro de la sanidad pública.

La suerte ya está echada. Un total de 14.450 graduados en Medicina, 735 en la sede de Murcia, optaban ayer sábado a una de las 6.513 plazas ofertadas en esta convocatoria, 229 de ellas en la Región. Es decir, más de la mitad se quedarán fuera. La presión es, no obstante, doble, porque a la mayoría de aspirantes no les basta con entrar en el cupo, sino que necesitan, además, un buen resultado en el examen para elegir la especialidad deseada o evitar aquellas que le producen más rechazo. No en vano, es muy posible que el camino que les abra el resultado de su examen sea el que sigan durante toda su carrera profesional y no es lo más adecuado recorrerlo con una china en el zapato.

14.450
graduados en Medicina en toda España
735
graduados en la sede de Murcia
6.513
plazas ofertadas en España
229
plazas ofertadas en la Región de Murcia
225
preguntas tipo test
5
horas dura el examen
2.000
folios de temario aproximadamente
22
especialidades
9
horas de media de estudio diario, excepto los domingos

Así, y aunque pueda parecer un tópico, el del MIR es posiblemente el examen de la vida de un médico, una frontera que siempre estuvo en el horizonte y que marca un antes y un después en el tránsito del mundo formativo al laboral. Así lo perciben Lydia, Víctor, Fran y Ester, cuatro jóvenes murcianos recién graduados que se enfrentaron ayer a este reto, que desde el punto de vista vivencial se asemeja, casi más que a otra cosa, a un parto con dolor.

Los aspirantes estudian entre ocho y diez horas al día, pero el descanso en domingo es sagrado

Año y medio de preparación

«Libro, libro, libro, comer, libro... no hay otra cosa; ya estoy que me subo por las paredes», reconocía Lydia a pocos días para acabar con un proceso que empezó, para muchos, un año y medio atrás. «Si nos dicen que podemos hacer el examen mañana, prácticamente iríamos todos; ya solo repasas porque sabes que el resto lo está haciendo», confesaba Ester. Fran también tenía la sensación de que, después de bastantes vueltas al temario, se encuentran en lo que en el fútbol se conoce como los llamados 'minutos de la basura'. «Queremos que se acabe; a estas alturas estudiamos sobre todo por no olvidar, especialmente los conceptos que exigen más memoria», subraya.

Y es que esta es una «carrera a largo plazo», que iniciaron prácticamente con el último año de la titulación, como recuerda Víctor. Aprovechando que el último curso del grado es muy práctico, los alumnos comienzan a entender la mecánica del examen y a prepararse esquemas. Es ya con el inicio del verano, a finales de julio y casi sin vacaciones, cuando empiezan a engullir sin tregua entre 1.500 y 2.000 folios de temario, pertenecientes a 22 especialidades, a razón de entre 8 y 10 horas diarias de calentar silla. Eso sí, los domingos son sagrados.

Un examen para probar que «sabes hacer un examen»

En la planificación y preparación de este tipo de pruebas ha cobrado una gran importancia el papel de las academias. De hecho, a diferencia de otras oposiciones, no se dispone de temario oficial: la convocatoria únicamente especifica que se harán preguntas de medicina en general. Ahí es donde entran las empresas de formación, que sí ofrecen un temario «oficioso», elaborado a partir de exámenes de convocatorias anteriores (que son públicos) y permiten constatar el número de preguntas asignadas a cada materia, así como los temas más destacados y recurrentes. Los estudiantes se benefician de una competencia feroz entre ellas, y se dejan seducir por las ofertas que les llevan en forma de charlas a las facultades en el penúltimo año de carrera. «Si sigues nuestras indicaciones, te garantizamos plaza casi seguro», suelen prometer, por un paquete que puede rondar los 1.500 euros, incluyendo un curso preparatorio, coincidente con el último año de carrera, y otro intensivo, justo cuando acaba esta.

En una prueba sin temario oficial, la preparación en academias es un plus «La nota media de nuestros alumnos al acabar la carrera es un 7», destaca el decano

«El MIR no prueba si sabes más o menos Medicina, sino si sabes hacer un determinado tipo de examen», señala Fran, refrendando el papel que desempeñan las academias para afrontar el reto con éxito. La prueba se compone de 225 preguntas tipo test, con 10 de reserva, formuladas de una manera bastante particular y que se deben responder en un máximo de 5 horas. «Nos dicen que los 6.000 que aproximadamente seguimos este tipo de cursos coinciden con los que lograremos entrar, ya que tenemos ventajas sobre los que se preparan por su cuenta», destaca Lydia. La receta del éxito: una planificación estructurada, mucha pregunta tipo y simulacro tras simulacro casi cada semana. «¿Se puede ganar la maratón de Nueva York preparándola individualmente? La respuesta es sí, pero no es fácil», señala Antonio Martín Conejero, director del Claustro de Profesores MIR de la academia CTO. «Dos de cada tres titulados que lo superan son alumnos nuestros», apostilla.

La UMU, entre las cinco primeras de España

Con estas premisas, ninguno de estos cuatro jóvenes se plantea a priori quedarse sin residencia tras esta convocatoria y coinciden en que «si no la lían mucho, lo sacas». Un motivo para la esperanza es los buenos resultados que suelen obtener los egresados de la Universidad de Murcia. «En los tres últimos años hemos estado entre las cinco facultades con mejores calificaciones entre los primeros puestos y hablamos de más de cuarenta centros», remarca con orgullo el decano, Miguel García Salom, quien también destaca el alto porcentaje de graduados en la UMU que logra acceder año tras año a una de estas plazas. «La nota media de nuestros alumnos al acabar la carrera es de un siete, lo que muestra un nivel alto y una excelencia que sirve como base para encarar esta empresa», apostilla. Los propios estudiantes perciben el potencial de sus compañeros, acostumbrados a sufrir y que juegan una liga en la que solo destacan más las universidades de Madrid, Barcelona y Navarra, según apuntan. «Víctor será un fuera de serie, su trayectoria se lo augura», asegura Lydia.

En la pasada convocatoria, los puestos 18, 6 y el número uno del 'ranking' fueron precisamente para facultativos forjados en las aulas del Campus de Espinardo. El aspirante a MIR más brillante de 2017, Jorge Martínez, tiene su propia receta para encarar esta prueba con éxito. «Usar la memoria de forma pura y dura es cavar tu tumba; hay que estudiar entendiendo porque, además, no solo se mide tu conocimiento teórico, sino tu capacidad para tomar una decisión rápida ante la incertidumbre». También, aunque se considera una persona fría y se abona a la filosofía 'cholista' del «partido a partido», pone en valor lo que él denomina «hacer higiene mental» para manejar el estrés. «Es necesario desconectar al menos un día, quedar con los amigos, familia, tu pareja... yo, además, hacía deporte e incluso me preparé la Ruta de las Fortalezas», señala.

En relación con este aspecto, Fran considera que es de gran utilidad seguir una especie de «terapia grupal», a modo casi de 'MIRcólicos anónimos'. «Estar con gente en tu situación durante las horas de estudio, que entiende lo que haces, cuando tu entorno está en otras cosas, ayuda», confesaba ya rumbo a la biblioteca. «A veces no sabes hablar de otra cosa», apostilla Víctor. «Tranquiliza descargarte cada semana, cuando vas a la academia, y ver que todo el mundo está igual de agobiado que tú», incide Ester, que prefiere, no obstante, llevar su día a día de preparación en casa. «¡Hago demasiado ruido y en una biblioteca molestaría demasiado!», comenta con humor.

¿Cómo afrontar la posibilidad de no lograr plaza? Lydia prefería ni pensarlo. «Hay días en que esto me supera y te da por plantearte si el esfuerzo servirá para algo, pero te lo quitas rápido de la cabeza, porque si no, te paralizas y no avanzas», asegura. «Si fallas y te quedas con la sensación de que podías haber hecho más, afrontas con buena disposición el nuevo intento al año siguiente; si consideras que lo has hecho todo y no lo sacas es un palo», remarca Jorge, que vio a compañeros de promoción en esta situación. «Hay que tener en cuenta que aquí estudia Medicina gente sacrificada, con buenas notas y matrículas de honor en el bachillerato y no es fácil afrontar un fracaso así, aunque luego coges perspectiva y te das cuenta de que en otras oposiciones las batallas son más a largo plazo, incluso años vista», puntualiza.

La doble presión de necesitar nota

Pero es necesario recordar que, como muchos aspirantes indican, la presión no está solo en pasar el corte, que fue de 592 puntos el año pasado, solo 20 por debajo de la nota del número 1. También se juega con el cálculo de la nota necesaria para lograr la plaza. Primero, para elegir destino, ya que hay MIR que priorizan quedarse cerca de casa para no distanciarse durante unos cinco años de su relaciones familiares, sociales o de pareja; segundo, para escoger la especialidad deseada o, al menos, una que no sea capaz de generarles algún tipo de trauma. «Hay gente que con el puesto 1.000 no puede elegir lo que buscaba y ni siquiera acude a la adjudicación», explica Jorge.

Las preferencias, evidentemente, van aquí con la personalidad de cada uno. Víctor apuesta por Neurología, porque «es médica, pero sin pasarse de teoría, con muchos conceptos prácticos y una investigación muy amplia», aunque siempre podría coger otra especialidad, aquí o fuera. Fran busca lograr un hueco en alguna especialidad quirúrgica y no descarta repetir el examen si no consigue algo que le atraiga. «Las cirugías me atraen porque son muy resolutivas: coges al enfermo, lo tratas y lo dejas ir», remarca.

En el extremo contrario está Lydia, más partidaria de las especialidades puramente médicas y que solo sabe que el bisturí no es para ella. «Me apasiona que los pacientes me cuenten cosas y tener que buscar un diagnóstico. Por eso me gusta Nefrología, Endocrino, Pediatría o Familia». De un pensamiento parecido es Ester, que, si logra plaza, no cree que tenga problemas a la hora de escoger. «Sigo sin tener claro qué hacer, pero siempre me queda como recurso Medicina de Familia, para la que suelen quedar opciones hasta los últimos puestos», explica. ¿Por qué? «Porque es una disciplina que está peor considerada entre la profesión, cuando, para mí, es la base de la atención sanitaria. Implica hacer una criba muy importante y saber de todo, porque te puedes encontrar cualquier cosa».

En esta aventura ya les espera Jorge, que con todo el abanico de destinos posibles, y casi con los ojos de un niño en una tienda de golosinas, escogió Cardiología en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. «He pasado la tarde intentado mantener vivo un corazón de cerdo», relata emocionado. Las siglas MIR significan ahora para él algo así como 'me interesa realmente'. Dentro de cinco años ya será momento de buscar un empleo estable, optar a una plaza pública o enfrentarse a los polémicos contratos de 24 horas. Pero eso es otra aventura.

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