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El verano se ha llevado una voz docente. Se llamaba Encarna López Ferrer. Enseñaba Geografía e Historia. Su Instituto era el nuestro, el Juan Carlos I, en Murcia. En estos inicios de septiembre, cuando todo vuelve a comenzar con ilusión renovada, es difícil aceptar ese final abrupto y anticipado. Nada hacía esperar que no volviéramos a verla después de las vacaciones&hellip Nos duele Encarna, su falta, su ausencia definitiva. ¿Por qué ella? Recordamos su discreción, su prudencia, su labor humilde de profesora de a pie; su profesionalidad y su rigor educativo, su humanidad entrañable y cercana.
Ser compañero de un centro educativo no se parece a ninguna otra cosa en la que también se es compañero. Hay una hermandad difusa en la comunidad de objetivos, acaso poco manifiesta, pero que es posible percibir. Ahora, con su falta, parece que esa singularidad de hermanamiento de los compañeros de claustro se nota con más intensidad. Es ley de vida, sí; pero nada se aprecia tanto como lo que perdemos, cuando lo acabamos de perder.
Por eso, con la emoción reciente de conocer tu partida final, todos los que trabajamos en el IES Juan Carlos I, de Murcia, nos abrazamos en el recuerdo tuyo, Encarna.

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