Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Opinión

Edición Impresa

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Como en cualquier sociedad, en la española hay muchos aspectos que la ciudadanía -independientemente de su nivel socioeconómico- valora como positivos y que por tanto obtienen los mayores niveles de aprobación. Basta con ver la reacción en toda España ante la victoria de nuestro equipo de fútbol, que bajo la dirección certera de Vicente del Bosque ha conseguido con trabajo, con ilusión y con respeto unos niveles de simpatía y reconocimiento internacional. Por tanto, los ciudadanos, cuando se les pregunta sobre las instituciones y grupos sociales, saben ser juiciosos.
El último barómetro de Metroscopia demuestra que los españoles aprueban a los médicos, científicos, profesores de la enseñanza pública, pequeños y medianos empresarios, policía, ONG, Cáritas, universidad, sanidad pública, funcionarios, curas de parroquias, prensa, fuerzas armadas, la Corona y los abogados. Si hacemos un análisis ligero vemos cómo precisamente éstas instituciones y grupos son los que más están sufriendo los recortes del Gobierno, inspirados en la política neoliberal de Angela Merkel y sus socios.
Y desaprueban a los partidos políticos, los bancos, el Parlamento, los obispos, la patronal, el Gobierno, los sindicatos, los ayuntamientos, los tribunales de justicia, Iglesia católica, empresas del Ibex 35, los jueces y al Tribunal Supremo.
Pues parece fácil adivinar que hay que cambiar lo que no funciona, bien modificando las leyes, las instituciones y regulando mejor su funcionamiento para que el peso de la crisis y los gastos del estado del bienestar no recaigan en los de siempre: el pueblo soberano.
Creo que hay mucho trabajo que hacer. Democratizar los partidos y disminuir su carga económica al Estado con menos políticos y con sueldos en base a los tiempos de crisis, evitar duplicidades entre ayuntamientos, comunidades y diputaciones, eliminando estas úlitmas; perseguir a los grandes defraudadores del IVA y otros impuestos -leáse las grandes empresas y fortunas-, exigir transparencia a las entidades financieras y responsabilidades legales -'caso Bankia' y otros-, ya que como dice B. Forcano: «No falta dinero, sobran ladrones»; aplicar la justicia con rigor a todos y no solo a los pobres sino a los ricos y defraudadores ; responsabilidad de los gobernantes para explicar, y responder de sus actos ante todos y el que delinca, primero que se le retire de la vida pública y luego, tras un juicio, que devuelva el dinero y pague sus culpas; que se respeten los derechos de los ciudadanos -sanidad, educación, vivienda, pensiones, etc.- y nuestras políticas vayan a defender esos derechos y no a los mercados, que solo buscan el enriquecimiento de unas élites -capitalismo de casino- sin invertir en educación, investigación, industria, etc. que hacen que el país se desarrolle y ganemos todos. Hay un dilema actual , o los ciudadanos con nuestra democracia defendemos con uñas y dientes nuestros derechos y logros sociales o los fundamentalistas neoliberales, que controlan las finanzas internacionales y las grandes multinacionales, nos harán sus esclavos.

Vocento
SarenetRSS