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ALBACETE - ALICANTE - MURCIA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

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Los terremotos son, probablemente, los fenómenos geológicos más espectaculares y los que originan mayores daños y víctimas en menor tiempo. Si bien es sabido que los sismos no son controlables ni predecibles, no es menos cierto que el progresivo aumento del bienestar social en las sociedades más desarrolladas genera una aversión cada vez mayor a los riesgos «naturales» y una mayor exigencia de responsabilidades a los poderes públicos (se entrecomilla «naturales» porque el fenómeno es natural, pero el riesgo no lo es, ya que es el resultado de decisiones humanas).
España es un país en el que, a pesar de encontrarse en la zona de confluencia de dos placas tectónicas (la euroasiática y la africana), no existe actualmente consciencia histórica acerca del fenómeno sísmico y su importancia. Ello se debe, sin duda, al largo tiempo transcurrido desde el último gran terremoto catastrófico, el terremoto de Andalucía de 1884, que produjo cerca de 900 muertos. Desgraciadamente, esta falta de conciencia opera negativamente sobre nuestro país, pues como reza el aforismo «los países que olvidan su historia están condenados a repetirla».Y la historia sísmica de España en los últimos siete siglos está repleta de ejemplos de terremotos destructivos de intensidad igual o superior a IX en la escala Mercalli (magnitud Richter superior a 6.5) y de ciudades desvastadas por dichos terremotos: Vera (1518), Almería (1522), Málaga (1680), Torrevieja (1829), etc.
Sin caer en la nefasta costumbre de hacer catastrofismo, tan extendida en nuestro país, sí que es importante puntualizar que el riesgo sísmico, siempre latente en algunas zonas como la Región de Murcia, no puede ni debe olvidarse y debe ser mitigado y gestionado adecuadamente. Así por ejemplo, desde el punto de vista puramente técnico, hay que tener muy presente que los daños ocasionados por los terremotos están influenciados por muchos factores: topografía local, tipo de terreno, técnicas constructivas, etc. El reciente terremoto de Japón constituye una prueba fehaciente de que cuando se aplican adecuadamente las normas de construcción sismorresistente y se utiliza la tecnología adecuada, los daños se reducen sustancialmente. Con todo, eso no basta, ya que se hace necesario establecer planes de educación a la población sobre las medidas a adoptar en caso de terremotos, con el fin de paliar el número de víctimas no ocasionadas por daños estructurales, algo que el terremoto de Lorca ha puesto de manifiesto.
Al escribir estas apresuradas líneas acuden a mi memoria con gran vividez recuerdos que sintetizan la frustración compartida en las últimas décadas por los técnicos y científicos que hemos dedicado nuestros mayores y mejores esfuerzos profesionales al estudio, la docencia y la práctica de la Ingeniería Sísmica en España. Dos simples ejemplos: la mayoría de la población (y algún que otro medio de comunicación) ignora cuales son las zonas sismícamente activas en nuestro país. Tampoco se considera que sea una temática que deba enseñarse a nuestros escolares, como lo prueba su reiterada ausencia en los sucesivos Planes de Enseñanza. El resultado es un desconocimiento generalizado del fenómeno sísmico por parte de la ciudadanía y una infravaloración de sus efectos en muchas zonas.
En el caso específico de Lorca, esta situación no es estrictamente aplicable a la comunidad científica y ni siquiera a las autoridades. Ya en 1992 el Instituto Tecnológico y Geominero de España (ITGE) y la Consejería de Política Territorial, Obras Públicas y Medio Ambiente de la Región de Murcia realizaron un 'Estudio de la Peligrosidad y Vulnerabilidad Sísmica en Lorca y su Término Municipal'. Este trabajo pionero ya avanzaba entonces algunos de los puntos que ha confirmado el sismo del pasado miércoles. Por ejemplo, que el casco urbano de la ciudad es una zona de alta vulnerabilidad debido a su pendiente, altitud relativa y tipo de suelo. De hecho, las altas aceleraciones registradas por el Instituto Geográfico Nacional en Lorca parecen indicar efectos de sitio significativos, con amplificaciones importantes del movimiento del suelo debidas a la geología (suelos blandos) y topografía local. El estudio del ITGE concluía con una simulación del escenario sísmico que crearía en Lorca un terremoto de intensidad VIII-IX (de magnitud superior al recientemente ocurrido). Los valores de víctimas y daños esperados se cifraban así: 15% de edificios dañados, 10% de edificios destruidos, 0,12% de víctimas mortales y 0,34% de heridos. La utilización de un terremoto de intensidad VIII-IX como base de la simulación se justificaba por el antecedente de los sismos del 10 y 28 de agosto de 1674, que produjeron más de 40 muertos en Lorca y tuvieron réplicas por espacio de 57 días.
Para concluir, un mensaje positivo y de esperanza. El sismo del pasado miércoles fue grave, pero ciertamente podía haber sido muy catastrófico dada su escasa profundidad focal (1 Km.). Que no haya habido numerosas víctimas mortales y cuantiosos daños estructurales es algo inusual, que sin duda se deberá investigar (un sismo ligeramente mayor destruyó prácticamente la ciudad marroquí de Agadir en 1960). Por otra parte la energía sísmica liberada en este evento permite conjeturar que no se producirán terremotos de mayor magnitud y destructividad en fechas inmediatas, si bien diversas replicas podrían perdurar durante algún tiempo. Esperemos pues que todos aprendamos de una vez por todas la dura lección que la madre naturaleza nos ha enseñando y no pasemos página sin dejar aparcadas para siempre la inacción y la falta de conciencia sísmica que ha caracterizado a nuestro país en el último siglo.
Dentro de todo este marco quisiera dejar constancia del ofrecimiento de los Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos para colaborar en la reconstrucción de Lorca, como expertos especializados en la patología y cálculo de las estructuras de edificación y civiles.

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