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Sin formación saldremos más tarde de la crisis
La primera cumbre sobre empleo que los países de la Unión Europea (UE) celebraba el pasado mayo en Praga, lo dice claramente: Es preciso promover la formación continua de los trabajadores y la destinada a la inclusión social de los jóvenes. Ésta es la recomendación principal de las diez propuestas de la UE para recuperar los 20.000 empleos perdidos y volver a crear nuevos puestos de trabajo.
Los murcianos conocen la estrecha relación, en términos cuantitativos y cualitativos, entre el nivel de formación y de empleo. El gran avance que permitió a la Región liderar el crecimiento económico parte del alza de los niveles de educación y formación; de su mantenimiento depende no sólo el empleo, sino nuestro bienestar.
Sin una apuesta decidida por el reciclaje continuo de nuestros trabajadores y el impulso de la formación profesional, de las disciplinas y licenciaturas más innovadoras, no se podrá absorber la población activa y adentrarse en la sociedad del conocimiento.
En las empresas del metal conocemos la importancia de contar con profesionales de primer orden, capaces de asumir el aprendizaje continuo, pues así lo exige una actividad industrial en permanente cambio y la competencia feroz y global.
Ni Murcia ni nuestras empresas pueden permitirse el lujo de disminuir en gastos de formación; por el contrario, es preciso redoblar los esfuerzos para lograr la reinserción de las miles de personas que sufren el desempleo. El aumento de la matriculación en los institutos y universidades demuestra que los parados conocen cuál puede ser su solución: más formación y reciclaje para acercar el fin de la crisis.
Con mayor incidencia que en España, en otros países de nuestro entorno los desempleados están obligados a recibir cursos de formación hasta encontrar trabajo.
¿Qué pasaría en España, en nuestra Región, si se frenase la formación? Da escalofríos pensarlo. Desde el inicio de la crisis en 2007 hasta finales de 2010 el número de parados en nuestro país se incrementará en 2.706.000 personas, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), siendo los grupos más afectados los inmigrantes, trabajadores poco cualificados, trabajadores temporales y jóvenes.
¿Y qué pasaría en las empresas? ¿Cómo harían para ganar productividad y mejorar la competitividad si no es mediante la potenciación del capital humano y la educación? Nuestra experiencia nos demuestra cada día que la formación, lejos de ser un gasto, es una inversión que la empresa rentabiliza a corto y medio plazo.
Basta con mirar hacia la Región. La formación es un pilar básico para alcanzar con éxito proyectos empresariales del Plan Industrial de la Región de Murcia y el Plan de Modernización de las Pymes. Por que, sin un plan de formación adecuado y apoyado desde las Administraciones públicas, ¿cómo se podrían conseguir los objetivos marcados en innovación?, pongamos por caso. Sin formación, las empresas del metal no podrán desarrollar el clúster de de la industria de maquinaria y equipamiento agroalimentario; ni el directorio industrial DIFREMM -catálogo virtual para impulsar su internacionalización- ni serán posibles las transferencias de tecnología y conocimiento desde las universidades y centros tecnológicos.
Poner la máquina de la I+D+i ha costado esfuerzos en tiempo, inversiones e ilusiones y convencer a los empresarios más reacios. Si la máquina se para, aunque sea por poco tiempo, se oxidará y, entonces, costará más aún hacerla funcionar y, encima, con el riesgo de que la competencia nos haya desplazado en el mercado.
No hay fórmulas mágicas. Los trabajadores deben estar preparados, utilizar una parte del tiempo para su formación, y más aún los que engrosan el paro, por lo que sería absurdo recortar sus anhelos, el desarrollo empresarial y nuestras esperanzas de una Murcia más próspera y futura.

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