En estos días inciertos, cuando casi todo está en entredicho, me parece más importante que nunca aprovechar estos espacios para poder explicar cómo vemos las cosas. En estos días en los que todo cambia a un ritmo vertiginoso, en los que no hay apenas instantes para la reflexión, tan sólo para la inmediatez, merece la pena parar unos minutos. Y a eso os invito, ese es mi compromiso con vosotros y vosotras desde hoy, compromiso al que le dedicaré esfuerzo e ilusión.
Últimamente me parece que todo vale, que la palabra no tiene valor y que las promesas políticas pueden caer constantemente en saco roto. Me niego rotundamente a que eso sea así. Apelo a la coherencia y al sentido común de la ciudadanía, al rigor y al análisis crítico. Y eso es lo que pretendo desarrollar en esta columna, lejos de entrar en demagogias baratas, siempre desde mi óptica.
Hace no mucho tiempo, unos defendían que era necesario más Estado y menos mercado, hubo otros que no. Los que no, máximos responsables de esta crisis, ahora no responden ante sus propias acciones, y, lo que es aún peor, vuelcan la responsabilidad sobre otros. Es el fracaso del capitalismo y ahora, ellos, los que no creen en el Estado reclaman, eso sí con la boca pequeña hasta la banca pública. Recordar cómo se provocó esta crisis me parece importante y remarcar las similitudes internacionales con la particularidad de nuestra Región también. Porque esta crisis la provoca un modelo, unos valores, los del individualismo, la avaricia, la falta de política pública y la especulación frente a los derechos.
Así que hoy, quiero reivindicar el otro modelo, el de lo público, el de los derechos y la sostenibilidad. En este país un portavoz habló de esto, desde la oposición, antes de ser el presidente del Gobierno de España.
Una de las grandes diferencias de los gobiernos se puede contrastar en cómo se gestionan los momentos de bonanza económica. Mientras la economía crecía, como nunca, y se generaba empleo, hasta llegar a cifras históricas, el Gobierno de España ampliaba derechos, mejoraba la vida de la gente, a todos los niveles. Poníamos en marcha aquel discurso que pedíamos desde la oposición. A la par se sentaban las bases hacia una economía más sostenible, hacía la innovación; el aumento de la productividad ha sido un objetivo claro desde el principio, fácilmente demostrable con los objetivos del Plan Nacional de Reformas del Gobierno de España (Euroingenio, Avanza, Consolider, Cenit...). Otra prioridad de la agenda, desde 2004, fue ponerle freno a la especulación con la modificación de la atroz Ley del Suelo del PP, entre otras medidas. Y la gran pregunta es, en nuestra comunidad autónoma, ¿qué hacíamos mientras crecíamos económicamente; por qué y por quién apostábamos en nuestra Región?
En este país hay un gran proyecto de Estado que piensa en el bienestar de la gente, el proyecto que la ciudadanía eligió en 2004 y que, hace tan sólo un año y medio, volvió a dar su confianza. Y en estos momentos difíciles, la prioridad es no dejar a nadie en la cuneta cuando tantas familias lo están pasando mal. Cada día me alegro de que la crisis nos haya tocado con este Gobierno. Con los dirigentes del PP tendríamos decretazos y recortes de derechos, y con éste tenemos gasto social, protección de la gente e inversión productiva. También en la gestión de la crisis los gobiernos son muy diferentes.
Mi reto desde aquí es poner en valor la política, lo público, desde el máximo rigor que mi subjetividad me permita. Y en este nuevo reto que espero que nos una, te invito a participar de mis reflexiones en mi espacio blog de laverdad.es.
http://blogs.laverdad.es/maria-gonzalez-veracruz