Para el sector turístico el mar es un recurso. Un recurso que te da de comer, que hay que trabajarlo como lo hace el pescador: con plena dedicación. Está allí, enfrente. No ha cambiado mucho desde que lo viste por primera vez. Por norma general, es un espectáculo incesante que inspira historias exageradas. Porque el mar tiene forma de novela; no de poema. Como dejó escrito Vladimir Nabokov «el romper de una ola no puede explicar todo el mar». Tranquilo o alborotado, cada verano sobrevive a miles de turistas. Pero, la gran pregunta es: ¿cuántos de ellos visitarán la Región en el verano de la crisis? Recapitulemos. A principios de este mes, los hosteleros ofertaban precios ajustadísimos, salpicados con un amplio abanico de ofertas para captar al turista nacional. Una situación que se traduce en cifras de ocupación similares a las de 2008, eso sí, a costa de una caída de los niveles de rentabilidad.
Como es sabido, España es el segundo destino del mundo en visitantes -por detrás de Francia- y el segundo destino en ingresos -sólo por detrás de Estados Unidos- y tiene asegurada su posición en el mercado internacional a pesar del boom de la ideología del low-cost. Como presidente de la Asociación Murciana de Campings, considero que el turismo de sol y playa no está agotado, lo que ocurre es que adolece de una baja rentabilidad. Las empresas tiene cada vez menos capacidad de actuación y, a largo plazo, lo vamos a pagar. Es innegable que el turismo ha abierto la temporada de verano con la bandera roja izada, ya que la recesión económica reduce los gastos dedicados al ocio. Nuestros visitantes más fiables, británicos, alemanes y franceses, atraviesan por una desaceleración económica profunda que merma enormemente su capacidad para irse de vacaciones. En consecuencia, auguramos una caída en el número de visitantes procedentes de Europa. Pero es aquí donde emerge la figura del turista nacional.
Como apuntó recientemente el presidente de la Federación Española de Asociaciones de Viajes, Rafael Gallego, «el turismo nacional superará por primera vez al extranjero». La crisis -y, por supuesto, la crisis de confianza en los mercados internacionales-, obliga a los españoles a pasar las vacaciones en alojamientos de la geografía nacional. El secretario general de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos, Román Estalella, también cree que este año el número de turistas nacionales superará por primera vez a los extranjeros. Es decir, los españoles no se quedarán sin viajar pero, evidentemente, gastarán menos. A esta situación hay que añadir el cambio de hábitos de los nuevos turistas, como el hecho comprobado de que ya no se viaja un mes entero a un único lugar, sino que se fragmentan los días y los destinos. Paralelamente, Internet merma la importancia de las agencias de viajes, puesto que los clientes pueden elegir en el último momento la oferta de transporte y alojamiento más asequible.
Cierto es que el turismo distinto al de sol y playa -cultural, gastronómico, rural- gana adeptos, pero muy lentamente. Creo firmemente que es un tópico de cada verano afirmar que el turismo murciano -y, por extensión, el turismo español- necesita un cambio o, que el turismo de sol y playa está agotado. El turismo regional necesita inversiones capaces de desplazar el exceso de oferta en el litoral hacia otra clase de alternativas que, sin olvidar el sol y playa, invierta en servicios más cuidados y pongan en valor nuestro patrimonio histórico y cultural. La revalorización del Valle de Ricote, Lorca, Caravaca de la Cruz y de la ciudad monumental de Cartagena son ejemplos a tener en cuenta. El proceso es largo, y en ello trabaja la Administración regional. Pero, reflexionen: ¿cómo vender al exterior la imagen de Murcia? Es una cuestión que no sólo compete a los estamentos políticos y empresariales, ya que nuestra comunidad se vende a través de la calidad, de la limpieza, del silencio y los buenos precios. Vivimos en una sociedad tecnológicamente mediada en la que el consejo de una persona anónima en Internet goza de más credibilidad que un anuncio de televisión. Pero, es seguro -y por ello lo dejo por escrito- de que seremos el primer sector en despedirnos, al fin, de la crisis.
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