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La forzada vuelta de Universidades a Educación
MARÍA LLORENS
Zapatero ha reconocido, con la nueva remodelación, el error que en su día cometió al segregar Universidades del ministerio de Educación. La vuelta a la vieja fórmula de aglutinar bajo el paraguas educativo a todo el sistema no universitario y universitario es lógica y coherente. Lo inusual y absurdo fue lo que hizo el presidente ZP con la anterior estructura bicéfala que le ha traído fuertes quebraderos de cabeza, con el detonante claro de las fuertes revueltas estudiantiles en los campus que han ido apareciendo recientemente. Es ese miedo y no otro, lo que le ha llevado al presidente a buscar un candidato que sepa de la universidad, desde dentro y pueda o deba poner en solfa este maremágnum que se ha creado con lo de Bolonia.
Esperemos que Ángel Gabilondo, rector, filósofo, conocedor desde las aulas de los decires pro y antibolonios amanse las fieras y sepa comunicar, decir y aclarar ante la estudiantina y el profesorado desilusionado todo este proyecto que se nos viene encima. La fórmula, en este caso, ha sido excelente: poner al presidente de los rectores en una magnífica posición para ser el encargado de resolver, entre otros, ese conflicto que pudiera extenderse y ampliarse de cara a las vecinas elecciones europeas que, sin duda, le restarían votos al gobierno socialista.
De Gabilondo se dicen muchas bondades, como que es excelente comunicador y gestor, ha ganado dos veces las elecciones a rector en la undécima universidad más grande de España, la Autónoma de Madrid, y logró la presidencia de la Conferencia de Rectores por su talante especialmente diplomático. De igual forma siempre apoyó a Zapatero y manifestó su sintonía con sus ideas. Esperemos que su sabiduría y experiencia universitaria le valga para contener y responder al personal que anda ansiado en saber cómo comerse esto de la reforma boloñesa.
Y es que llevamos un tiempo universitario entre paréntesis y al amparo de ciclos pendulares, sin aterrizajes. La escasa claridad y concreción de políticas ajustadas a realidades prioritarias ha hecho que no se vea el fondo del ministerio que no ha funcionado y que se ha temido que fuera un punto débil y detonante de una revuelta social. Ante ello, una vez más, la vara de medir la ha puesto Zapatero quien se ha ocupado directamente del asunto y ha buscado la cercanía con la Universidad, dejándose a los gestores de las empresas o los innovadores que, al parecer, poco le han servido para organizar los andamios de la reforma de títulos, grados y contenidos del mapa que se nos avecina.
Sin embargo, sabemos que entre los rectores cunde la preocupación del incendio de Bolonia- como dicen algunos-que en los últimos meses ha prendido, por lo que no es fácil la tarea encomendada a Gabilondo. Reconozco que no lo tiene fácil porque tendrá que lidiar ante los bolionistas, o boloñeses a ultranza, los moderados y los que quieren que se paralice la reforma. Lo cierto es que en pocos meses tendrá que ganar el tiempo perdido y desgastado de un ministerio que se dejó caer en un abandono, que ahora tendrá que actualizarse a pasos agigantados y dejar las cosas claras y abrirse paso entre los otros ministerios, especialmente en lo referente a los dineros, a los euros contantes y sonantes que harán posible una reforma como la que se quiere. Difícil ministerio para encajarlo con la crisis galopante que vivimos.

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