La movida boloñesa que estamos viendo estos días en la calle está encolerizando al personal universitario y se ha vuelto incómoda. Mala cosa si nos vamos por esos derroteros… ¿Quién iba a pensar que a estas alturas del proceso se iba a levantar la estudiantina contra el orden preestablecido y prediseñado de una reforma universitaria que se firmó cuando Aznar y ahora le toca a Zapatero encajarla, a toque de calendario, en unos tiempos de vacas flacas que nos llevan de cabeza, sin dinero y en pleno bajón? Dicen algunos que el escenario ha cambiado; ya no es el mismo y me imagino que los que tienen que tirar del carro las pasarán canutas, como decimos vulgarmente, porque estar batallando entre el poder y la gloria y, además, con el aterrizaje en la realidad no debe ser fácil, y mucho más si el viento sopla en sentido contrario y, además, viene huracanado. ¡Difícil situación para los que tienen que dar la cara! Sin embargo, entiendo también que la percepción de la calle, de algunos más que otros, de los que tienen que sufrir las consecuencias y ven cómo los procesos se van generando y acercándose a esa fecha del 2010, final e inicio de la nueva reforma.
Yo no sé, a estas alturas, si Bolonia sí tal cual, o Bolonia con interrogantes; tampoco tengo claro lo de stop a Bolonia, pero lo que sí me parece es que una cosa es la teoría, las bondades de las metodologías, las novedades... y otra, como siempre lo más difícil, la puesta en escena. Si pensamos en la moviola y en la película que se está rodando, son muchos los actores, los implicados y la universidad, como dicen los entendidos, se debe a la sociedad. Quizás en todo este proceso lo que sí hemos echado en falta algunos momentos, ha sido información, mucha más y no me refiero a la técnica, ni la competencial, ni la diseñadora... me refiero a la del sentido común, la que la gente quiere saber, al cuánto nos cuesta, qué pagaremos, qué nos dejaremos, qué ganaremos y qué perderemos... Recuerdo, cuando la campaña del euro, cuando aquellos momentos y muchos no lo veíamos, se emplearon recursos, campañas para vender las bondades de tener todos la misma moneda... luego vimos también que algunos no se subieron al carro, pero se insistió con creces.
Hay que reconocer que cuando suenan los gritos y los susurros, algo pasa. La desinformación es un hecho, también la escasa presencia de los responsables ministeriales, por ejemplo la ministra Garmendia, dando la cara con los rectores, en los centros universitarios, en los medios y esto... yo no lo he visto en la tele. Amén del mal enfoque que separa la universidad del resto de la Educación y casarla más con la Empresa, con la innovación tecnológica; creo que ha empobrecido la visión global educativa y se ha insistido en un discurso y parámetros del mundo de los negocios que ahora, por lo que se ve, es lo que vale. Además, la Administraciones central y autonómica se han quedado pensativas, en muchos momentos, a la espera de un no saber qué hacer, por dónde tirar y cómo organizar este maremágnum boloñés. El efecto lo vemos ahora y viene motivado, sin duda, por la escasa información, la poca claridad en la llegada a la meta y, también, porque el discurso de la crisis está tocando el bolsillo de los hogares universitarios.
Se avecinan malos tiempos para los grados, másteres y doctorados que sin duda serán muy novedosos, necesarios y hasta unificadores para que podamos movernos por todo el viejo continente, pero hay que comprender que lo que ronda la cabeza es ¿cuánto nos costará todo este plan, proyecto o como se le llame? Sin duda urge una campaña de información clara a toda la sociedad, donde se analice, paso a paso toda esta problemática y calme la inquietud que existe en las familias, en los jóvenes de los institutos que andan despistados y se mueven a toque de campanazos, también en los universitarios que callan o se cabrean con tantos créditos. Pero mucho más en los ciudadanos implicados, los pagadores de oficio y de hecho, de esta reforma que queremos saber lo que nos costará adaptarnos a esa Bolonia soñada donde muchos, al parecer, son los llamados y no sabemos aún cuántos los elegidos.