Esto que digo viene a cuento de la polémica, tan inusual, que tiene enfrentados a monseñor Reig y al señor Mendoza, quien probablemente, dada su influencia en la curia romana, lleve también el mon delante del señor. Si así fuere, tenga a bien perdonarme, que más perdonó Jesucristo y era Dios.
El encontronazo -nada sutil, por cierto- entre el Obispo de Cartagena y el regidor apostólico de Guadalupe, va a más. Ya sólo nos quedaba que entraran a mojar pan en el caldo los partidos políticos. Y la verdad es que ya mojan.
Por lo que se refiere al PP, el Consejo de Gobierno viene adoptando esa actitud que ahora se denomina políticamente correcta. Se echa mano de esta cuando el político, por su propia idiosincrasia, no quiere mojarse demasiado. Así es que le da al contencioso una de cal y otra de arena. Pero esto, claro, contribuye al desconcierto.
En cuanto al PSOE, resulta chocante -¿para qué le voy a decir a usted otra cosa?- ver con qué naturalidad y desenvoltura se posiciona a favor del Obispo. En mis sueños, veo cada noche a Saura, el líder socialista, vestido de monaguillo y con el incensario colgándole.
Y a todo esto, ¿qué dice Dios? Me supongo, conociéndolo, que debe de estar harto de un conflicto que, si otra cosa no, escandaliza a los fieles. Si he de decir lo que siento, veo a Dios a punto de dar un puñetazo encima de la mesa. Porque, para colmo, ambos dos contendientes le andan rezando para que se ponga al lado del uno o del otro.
Tanto Reig como Mendoza tendrán que esforzarse para encontrar una fórmula que a los dos satisfaga, siquiera sea mínimamente. Inspirándose en el famoso juicio del Sabio Salomón, podrían dividir en dos partes iguales la propiedad de la UCAM. Pues peritos tiene la Iglesia que midan y repartan inmuebles y semovientes, de manera que ninguno se sienta perjudicado.
Esto conviene hacerlo antes de que a Dios se le acabe la paciencia. Pues, aun siendo infinita, todo tiene un límite.




