
Y solté, de carrerilla, este discurso: «¿Dónde vas a ir? ¿A Italia, viejo y sabio país cuyos habitantes acaban de entregarse, otra vez, al corruptor más notorio de su historia, el remodelado Berlusconi, y a sus amigos, el ex fascista -quizá no proceda emplear la partícula ex; el capo dei tutti capi, amigo y protector de mafiosos confesos, arrobado ante una caterva de jóvenes que le saludaban brazo en alto al día siguiente del sonado triunfo de su candidato a alcalde de Roma, dijo «verdaderamente, nosotros somos la auténtica falange romana»- Fini o el líder padano Bossi, que asegura disponer de 300.000 metralletas para acabar con la chusma, o sea, los meridionales y los inmigrantes? ¿O prefieres a Rusia, genuflexa ante Putin, la criatura del KGB que tan eficazmente se deshace de tipos molestos, llámense Litvinenko, Jodorkovsky o Politkovskaya, empleando métodos sofisticados como el polonio, o más tradicionales, como el acoso mediante jueces corruptos o el siempre eficaz tiro en la nuca? ¿O EE UU, donde un tarado ex alcohólico, renacido por la gracia de Dios y para desgracia de la humanidad, ha dilapidado billones en desmantelar Irak y ha desencadenado una crisis económica mundial de alcance aún desconocido -el petróleo, a 40 dólares en 2003, supera ahora los 120- y potenciado a un loco de atar como Ahmadineyad? ¿O tal vez a China, país en el que la explotación capitalista alcanza su máxima expresión gracias a un gobierno totalitario de partido único -¿qué oxímoron: partido único!- aún llamado Comunista, que cada año ejecuta -¿cobrando las balas a los parientes del reo!- a 30.000 delincuentes, entre comunes y políticos, a los más jóvenes y sanos de los cuales les extrae, para el mercado de trasplantes, sus órganos en una demostración de que el viejo dicho que aprendí, de pequeño, de un matachín de mi pueblo, del chino se aprovecha todo, es cierto? ¿O a Francia, donde un hombrecillo que trata de superar su escasa talla apoyándose en una bellísima modelo y cantante, se alía, en contra de la tradición laica de su país, con el Vaticano para lanzar la contrarrevolución global al grito de 'abajo el 68 y sus herederos'?". Mi viejo amigo, ante tal chorreo, cambió de tema.
Más tarde, ya solo, en casa, llegué a la conclusión de que no hay que irse. Ni de España ni de esta Región. Hay que quedarse aquí para, por ejemplo, apoyar a gente como Pepe Rufo, creador de una bitácora interesantísima, Lasombradeaznar.blogspot.com, o Chema Gil, periodista que sufre el acoso no de una organización terrorista de signo nacionalista -como muchos de sus colegas vascos- sino de mafiosillos molestos por sus investigaciones, que están pensando en tirar la toalla. O para exigir que, si se abre otra Facultad de Medicina (?), se haga satisfaciendo todas las garantías académicas, y que sus dueños, sean quienes sean, la Diócesis o los Mendoza, admitan a sus alumnos con los mismos criterios que la Universidad pública, porque nos jugamos nada menos que el futuro de la sanidad murciana. Hay que quedarse para denunciar, siempre que sea procedente, que el emperador está desnudo. Definitivamente, hay que quedarse aquí.




