En mi proceso de separación conyugal cedí voluntariamente un patrimonio de más de cien millones de las antiguas pesetas, quedándome con una mano atrás y otra por delante, y encima de una modesta pensión, me castigan con una manutención de 300 euros mensuales de por vida y sin hijos menores. Además, tengo que responder con 140 euros mensuales de un préstamo que firmé a un hijo de ambos, el que después de estar trabajando, no se ha dignado pagar. Mientras que mi fustigadora vive acomodadamente, coche nuevo y una relación de pareja que la apoya. Y, últimamente, he sido enjuiciado por amenazas que no existen, siendo solicitada por la Fiscalía una condena de dos años de prisión.
De una nueva relación, tengo una niña de siete años, vivo una vida precaria y tengo un futuro nada claro. ¿Cómo habría que llamar a la Justicia en mi caso y otros más? La Justicia también practica la violencia de género en el ser humano y provoca situaciones que bien merecen sentencia de la más alta magistratura de Dios.
José Mateo Castillo




