Pero, hay veces, que aún entre sudores, uno se cansa de que lo ninguneen haciendo uso de los mismos argumentos de pólvora mojada ya tan manidos. Uno de este gremio reducido, José María Pozuelo Yvancos, lanzó su pepinazo de salva el sábado, 2, desde estas respetables páginas, y ya se sabe que el papel lo soporta todo. En su artículo «Universidades murcianas y titulaciones», Pozuelo nos despacha una lección de democracia a partes iguales a la UCAM y al consejero de Educación, Ramón Medina Precioso, al que le tira de las patillas «por su expreso apoyo»a la UCAM. En primer lugar, dicho sea para eximir al consejero, la UCAM nunca ha recibido fondos públicos para sus actividades ni trato de favor, a pesar de destacarse como una de las instituciones que más empleo cualificado crea en la Región. Hecha la salvedad, se pregunta el señor Pozuelo con retórica griega, «¿Ha sido elegido el presidente de la UCAM democráticamente?». Yo le respondo encantado: no... como tampoco lo ha sido el presidente de Yale, de Harvard, de Princeton o, para no olvidar a las universidades públicas más punteras en el mundo, tampoco los presidentes y rectores de Berkeley, Oxford o Cambridge. Sucede, amigo, que en las 30 universidades más importantes del mundo no encontrará usted un presidente o rector elegido por alumnos, personal de servicio y profesores. Tampoco el presidente de Microsoft, el del Banco de Santander o Iberia ha sido elegido por sufragio universal en el que votasen las azafatas, los clientes y los ejecutivos. No me manifiesto en contra de que los rectores de universidades públicas sean elegidos por sufragio universal pero constato que no es un criterio de calidad que garantice la buena gestión. Y he aquí el segundo argumento del señor Pozuelo, repetido con insistencia como un mantra, la «calidad». Esta universidad es de calidad y está comprometida con la calidad: es de calidad porque ofrecemos formación personalizada, contamos con un excelente cuerpo docente, un personal de administración eficaz y, sobre todo, un maravilloso alumnado que, por méritos propios, goza de unos niveles de empleabilidad altísimos.
La UCAM está comprometida con la calidad porque se ha dotado de una «Dirección de calidad» y voluntariamente aplica y se somete a las evaluaciones de la Agencia Nacional de la Calidad del Estado español (ANECA): ¿Cuántas veces hay que repetirlo? ¿Qué más hay que hacer, señor Pozuelo? El tercer cartucho de postas, también anticuado, es el de la investigación: en la UCAM se leen dos tesis doctorales al mes; nuestro claustro ha publicado más de 150 títulos y las inversiones propias están entre las más altas de las universidades privadas españolas. El cuarto argumento del señor. Pozuelo es el central, el meollo de su artículo. Por resumir: «las universidades públicas tienen preferencia para implantar nuevos títulos». Mire, amigo, no estamos en contra de la universidad pública. Nunca lo hemos estado, pero esto no significa que la UCAM deba competir con una mano atada a la espalda: nosotros exigimos libertad para implantar las carreras que demande la ciudadanía cuando se acredite que cumplimos los requisitos de calidad que dicta la ley y evalúa la administración pública, con nuestro dinero y asumiendo el riesgo. Pedimos libertad para construir y servir en base a un principio muy importante que usted, experto en democracia, seguro conoce: la libertad de empresa, central en el ordenamiento constitucional. A nosotros no nos importa, no nos incumbe, no nos distrae los títulos que la universidad pública quiera o pueda implantar con el dinero público, pero no se nos puede cortocircuitar la creatividad con un apéndice por el que la UCAM no puede implantar un título hasta que no lleve varios años de recorrido en una universidad pública. Eso es trampa.
Es obligarnos a correr los 100 metros con grilletes en los pies: es a este tablacho jurídico huertano, a esta rueda de molino que nos condenaría artificialmente a ir por detrás de las universidades públicas de la Región a lo que nuestro fundador y presidente, don José Luis Mendoza, se ha referido como una trampa antidemocrática. Ley en mano no se equivoca un ápice, señor Pozuelo.
Lo cierto es que desde que la goleta UCAM atracó en el puerto de Cartagena, da la impresión de que algunos mandarines han colocado los cañones en las almenas y tiran a dar sin ser provocados. Nosotros seguiremos remando a pesar de los proyectiles.
Pablo S. Blesa Aledo es vicerrector de Relaciones Internacionales de la UCAM.




