La luz roja lleva meses encendida en la Base de Submarinos de Cartagena, aunque los altos mandos de la Armada y del Ministerio de Defensa se empeñan en restarle importancia por discreción o para tapar lo que para muchos marinos es fruto de la mala planificación. La capacidad operativa de un arma submarina con más de 90 años de historia y prestigio, como es la española, está bajo mínimos por la imposibilidad de hacer coincidir la jubilación de los cuatro barcos de la clase Delfín (S-60) -ya retirados- con la incorporación de las nuevas unidades de los S-80, cuya construcción acaba de arrancar en el astillero de Navantia.
Actualmente, la Armada sólo dispone de un submarino capacitado para realizar misiones y patrullas de larga duración lejos de su base del Arsenal. Se trata del Siroco (S-72), cuya dotación se prepara estos días para hacerse a la mar por un tiempo aproximado de dos meses. El accidente sufrido el miércoles en Navantia por el Tramontana (S-74) cuando era puesto a flote, tras concluir el grueso de los trabajos de su tercera gran carena, ha reavivado la preocupación de los submarinista por el estado de su flota.
Tras la retirada de todos los sumergibles de la clase Delfín, culminada el año pasado, la Armada se quedó únicamente con los cuatro más modernos de su flotilla: los Galerna, de la clase Agosta francesa, salidos de los astilleros de Bazán Cartagena entre los años 1981 y 1984. De esos cuatro barcos, además del Siroco, plenamente operativo, y del Tramontana -cuya reparación general se retrasará varias semanas como consecuencia del accidente del miércoles-, hay dos que tienen mermadas sus capacidades operativas por distintos motivos. El Mistral (S-73) sufrió hace un año un incendio que causó importantes daños en su cámara de máquinas y el pasado mes de julio tuvo otro percance al tocar el fondo marino durante una navegación. El cuarto, que es el que da nombre a la serie, el Galerna, no puede salir a navegar a más de cien millas de Cartagena porque sólo dispone de uno de sus dos motores diésel. Este barco será el próximo en entrar a reparar en Navantia.
A todo ello hay que sumar, destacan fuentes de la Armada, los problemas para reclutar marineros profesionales para las exiguas dotaciones debido a la dureza de las condiciones de trabajo.