Las subidas de los libros de texto, que cada año dan su zurda bienvenida a los padres de escolares, veraneantes despreocupados en el recuerdo, se verán acompañadas durante las próximas semanas por una batería de incrementos en productos básicos de la cesta de la compra. Mañana mismo la barra de pan sufrirá un aumento del 5%, después vendrán las de la leche, los huevos, la carne, etc.
Asociaciones de consumidores, agricultores y Gobierno no ocultan su preocupación ante el previsible rebrote inflacionista que llegará, a no tardar, por el elevado precio del petróleo, por las constantes subidas de los tipos de interés - aunque tal vez la crisis hipotecaria ponga fin al goteo alcista del BCE-, por el fuerte consumo en China, India y Rusia, cuyas economías se hallan en plena expansión y hacen poco menos que insuficientes algunas producciones mundiales de productos alimenticios, y por las ayudas de los gobiernos al fomento de los biocombustibles.
La creciente demanda de cereales (trigo, cebada, maíz, etc), utilizados como materia prima para la elaboración del bioetanol está encareciendo la producción de piensos, huevos, carnes, etc, aunque los efectos de las tensiones en la producción no se han trasladado del todo al IPC. Algunas compañías del sector lácteo, sin embargo, preparan incrementos de un 30% en el litro de leche antes de que acabe el año. Muchos agricultores ya han pedido que para la próxima campaña se elimine la obligación de dejar un mínimo del 10% en barbecho, aumentar las plantaciones y atender así la demanda existente en el mercado.
Sin embargo, los consumidores, primeros perjudicados -pero no los únicos- de la coyuntura que se avecina, creen que aún estamos a tiempo de reducir el efecto inflacionario con una regulación más restrictiva en los márgenes de distribuidores y comercializadores, principales causantes de los elevados aumentos de precios alimenticios.
En último extremo, los equipo económicos de los gobiernos central y autonómicos, y especialmente la ministra de Agricultura, deberían estar pendientes de los movimientos alcistas de ciertos productos a través de los respectivos observatorios sectoriales para arbitrar las medidas correctoras oportunas. Parece necesario evitar por todos los medios que se dispare otra vez la inflación y el país pierda en Europa lo que tanto ha costado conseguir, debido, en gran parte, a una meritoria y continuada moderación salarial.