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<fechapublicacion>20070815021904</fechapublicacion>
<fecha>20070815</fecha>
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<lead-subtitulo><![CDATA[Las prisas y el lenguaje contemporáneo han servido, en literatura, para recuperar un género durante años menospreciado: el cuento. Las librerías están llenas de  narraciones de lo más variopinto]]></lead-subtitulo>
<lead-entradilla><![CDATA[Nacidos en la Antigüedad y transmitidos de forma oral hasta que llegó la escritura, los cuentos han acompañado al ser humano a lo largo de los siglos (especialmente tras la invención de la imprenta, que los haría accesibles para todos). Le han servido para dar forma a sus miedos, para explicar sus orígenes, para mantener la esperanza, para buscar argumentos, para señalar límites. Y sobre todo para comunicarse. Para llegar a los otros.]]></lead-entradilla>
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<story-texto><![CDATA[<p>Nacidos en la Antigüedad y transmitidos de forma oral hasta que llegó la escritura, los cuentos han acompañado al ser humano a lo largo de los siglos (especialmente tras la invención de la imprenta, que los haría accesibles para todos). Le han servido para dar forma a sus miedos, para explicar sus orígenes, para mantener la esperanza, para buscar argumentos, para señalar límites. Y sobre todo para comunicarse. Para llegar a los otros.<br/>
<br/>Tantos siglos de vida y resulta que en el último cuarto parecía que el cuento o relato había caído en desuso, al menos en España, ya que en los países anglosajones y en Latinoamérica siguió siendo un género bien tratado. Sólo algunas grandes figuras podían permitirse vivir del cuento, y eran muy pocos los que tenían espacio para dirigirse a los lectores con estas narraciones cortas e intensas, en las que hay que saber sacarle todo el jugo a la historia sin tiempo para desarrollarla. Hay quien dice que su valor reside precisamente en eso: en contar sin contar, en desvelar un aparte mientras el resto queda fuera de los márgenes y debe ser interpretado por el lector atento. Quien lee puede armar el pasado y el futuro de los personajes, porque eso el autor no se lo da en las páginas.<br/>
<br/>Pese a que durante años el cuento ha sido visto como menor por las editoriales, y de ahí que apenas se publicara: la novela era la gran protagonista; siempre ha existido una infraestructura dedicada a mantenerlo con aliento. Se trata de los concursos literarios de relatos que están sembrados por toda la geografía. No hay ciudad o pueblo grande sin premio de este tipo, y a menudo no se premian mal. Así se han curtido muchos de los cuentistas que ahora publican. También hay asociaciones e instituciones de todo tipo que reconocen este trabajo de imaginación condensada en unas cuantas páginas, a veces tantas que uno no sabe dónde acaba el cuento y dónde empieza la novela, aunque sea corta.<br/>
<br/>Después llegaron los grandes concursos organizados por cadenas hoteleras, ferrocarriles, marcas de bebidas, bancos y un largo etcétera. Y aquello comenzó a resurgir también para las editoriales, que vieron que había autores y lectores nuevos. Así que en los últimos años hemos podido asistir al renacimiento de la publicación de relatos, hasta el punto de que no sólo se editan las obras de grandes firmas, como antaño, sino también las de completos desconocidos, incluso a escritores que sólo escriben cuentos. Y surgen sellos exclusivamente dedicados, en la ficción, a su publicación. Buena señal.<br/>
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<span class="span" id="NEGRITAXXXX">Páginas de Espuma<br/>
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</span>Es el caso de la editorial Páginas de Espuma, convertida ya en referente para este género. Publican ensayos, pero en ficción han optado sólo por los relatos. En su catálogo hay volúmenes antológicos temáticos, clásicos y la nueva producción de escritores españoles y latinoamericanos; hasta tres colecciones distintas. Por militancia, en la de Narrativa Breve acaba de ver la luz Pasión de papel. Cuentos sobre el mundo del libro, una selección de relatos que intentan explicar por qué somos lectores, por qué somos bibliófilos. En él, hay piezas de Mario Benedetti, Paloma Díaz-Mas, Augusto Monterroso, Carmen Riera, Luis Sepúlveda, Enrique Vila-Matas y Jorge Volpi, entre otros. <br/>
<br/>Ahora que es verano y que el libro se mueve de la playa o la piscina o el monte hasta el chiringuito, el salón o un parque; ahora que el tiempo ya no hay que compartirlo con los compañeros de trabajo, sino con otros, y andar de un lado a otro, buscando un momento para leer; merece la pena repasar la lista de novedades en el género del relato. Una pieza literaria que se adapta al ritmo de vida actual como si hubiera sido creada para él, y no hace muchos siglos. Porque su brevedad facilita el seguimiento de la historia e impide la fragmentación de la que son víctimas las novelas. Y porque, importante, su tamaño facilita también llevarlos de un lado a otro.<br/>
<br/>En la misma Páginas de Espuma, se ha publicado recientemente el volumen de relatos de Ramón Acín Hermanos de sangre. El autor oscense muestra a personajes que padecen odio, bien como víctimas, bien como verdugos. Todos ellos tienen además relaciones estrechas. Hay primos, hermanos, amigos. Y se consumen en un odio surgido por lo que se hizo o no se hizo, por los silencios y las palabras, por el amor y el desamor. El jardín japonés, de Antonio Ortuño, recurre a la ironía, la violencia, la sátira y hasta a la melancolía para proponer relatos feroces de ideas peligrosas. Y el volumen Cuentos de magia recoge 17 historias de magos y escapistas, con todos sus complementos. Van acompañados, además, de ilustraciones que son juegos.<br/>
<br/>Editoriales más pequeñas y periféricas apuestan decididamente por el género. Es el caso de Xórdica, de Zaragoza, con el libro de Ismael Grasa Trescientos días de sol (una docena de historias cotidianas de gente normal). O de la cordobesa Almuzara, que presenta quince historias diferentes pero entrelazadas escritas por el poeta, novelista y cantante mexicano Julián Hebert. El título lo dice casi todo: Cocaína (manual de usuario). Y es también la realidad de la catalana Sirpus, editora del primer volumen de cuentos del reportero Carles Bosch. Bajo el nombre Hay otras cosas, el barcelonés cultiva las historias extremas porque tras toda una vida contando la verdad desde el periodismo, el autor prefiere dejarse llevar un rato por la imaginación. Ternera macho y otros absurdos, del cubano Ángel Pérez Cuza, fotografían la realidad pasada por lo absurdo de la isla en la editorial sevillana Espuela de Plata.<br/>
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<span class="span" id="NEGRITAXXXX">Reflejo esperpéntico<br/>
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</span>El neoyorkino David Foster Wallace llega a librerías con el reflejo esperpéntico de su país escrito en Hablamos de langostas, diez relatos publicados aquí por Mondadori. Edhasa se decanta por El esnobismo de las golondrinas, de Mauricio Wiesenthal, un recorrido por varias ciudades europeas que sirven de escenario a historias que el autor ha visto o que le han contado. 1.148 páginas que retratan la vida en Europa, la que sale en los medios y la que no, y su cultura, incluida la contra. Bastante más corto, y tal vez más veraniego aunque los temas son peliagudos, ofrece también Nueve cuentos de J. D. Salinger, publicados por primera vez como volumen dos años después que El guardián entre el centeno. En origen, aparecieron en las páginas de The New Yorker entre 1948 y 1953.<br/>
<br/>Otro gran nombre de la literatura, éste más reciente y en activo, es Philip Roth. La editorial Seix Barral pone en librerías Goodbye Columbus, una novela de amor y cinco relatos con los que el escritor de Newark apareció en la escena literaria allá por los años 60. Realismo y buenos diálogos, un retrato de la clase media judía norteamericana, el sexo y la familia, como en toda su obra, son los mimbres con los que teje estas narraciones. <br/>
<br/>Atalanta ha optado por recuperar seis de los 27 relatos escritos por el ruso Iván Turguéniev entre 1847 y 1874. Lo ha hecho en el libro La reliquia viviente, una muestra de la modernidad de un clásico, un hombre de familia rica y déspota -con él- que terminó afrancesándose y poniendo tierra de por medio. El pesimismo y el fracaso están presentes en sus relatos, que han sido comparados a la obra de Gogol y Dostoievski.<br/>
<br/>Hay espacio aún para dos grandes nombres de la literatura, y de la historia misma. Ernest Hemingway vuelve de la mano de Lumen con 49 de sus mejores relatos sobre violencia, deseo, guerra, humillación... Se titula Cuentos y la traducción y el prólogo son de otro gran cuentista, Gabriel García Márquez. Artemisa, por su parte, ofrece Micromegas y otros relatos filosóficos de Voltaire. Son siete cuentos breves escritos en clave de parábola, siete ideas del autor, que están muy lejos de ser panfletos. Son sólo cuentos. Nada menos.</p>]]></story-texto>
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