Martes, 24 de julio de 2007
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La soledad de los ancianos crece durante las vacaciones estivales
Más de un millón de mayores de 65 años vive solo en España y, entre ellos, un 80% tiene más de ochenta años El ingreso temporal en una residencia permite el veraneo de los familiares
La soledad de los ancianos crece durante las vacaciones estivales
RESIDENCIA. Una opción para garantizar el bienestar del mayor durante las vacaciones. / ARCHIVO LV
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El verano acentúa la situación de soledad en la que viven muchos mayores en España. Las vacaciones de los familiares y cuidadores hacen que muchas personas, que por su incapacidad no pueden salir de casa, permanezcan días, e incluso semanas, sin ver a nadie.

Un millón de personas viven solas en España y, entre ellas, ocho de cada diez tienen más de ochenta años. La cercanía de los vecinos, las visitas de los familiares y la asistencia de los cuidadores permiten sobrellevar esta situación a lo largo del año. Sin embargo, en verano, estas personas desaparecen.

Las vacaciones con un mayor no son siempre posibles y no sólo porque sus limitaciones físicas puedan obstaculizar el ocio del resto de la familia sino porque su estado de salud desaconseje los largos desplazamientos o las estancias en lugares donde no tengan una rápida asistencia sanitaria.

Ante esta situación, cada vez son más las familias que deciden contratar el ingreso temporal del mayor en una residencia. Las cifras de usuarios crece todos los veranos y va a más, ya que se contempla como una solución adecuada para no dejar al anciano desasistido durante el período de vacaciones.

La sociedad ha comenzado a admitir las ventajas que presentan y a deshacerse de todos los prejuicios que existían en torno a estas instituciones. De este modo, el ingreso del anciano en un centro residencial en vacaciones supone, por un lado, tener la garantía de que el mayor va a estar correctamente atendido, tanto asistencial como sanitariamente, y que éste va a poder disfrutar de la compañía de otras personas durante las vacaciones de la familia. También, el mayor lo acepta de buen grado sabiendo que pronto regresará a su hogar.

Por otro lado, el descanso estival es necesario también para quienes se ocupan habitualmente del mayor y constituye una garantía de bienestar para poder luego asumir estas funciones. No hay que olvidar el estrés y la ansiedad que sufren las personas con mayores a su cargo, especialmente, si estos sufren algún tipo de demencia senil, como el alzhéimer.

La única pega para que esta iniciativa acabe de despuntar es el alto precio de las residencias. La insuficiencia de plazas públicas, que genera listas de espera en la práctica totalidad de comunidades españolas, no permite la opción de ingresar tan sólo para estancias de quince días o un mes, que es lo que duran, como máximo, las vacaciones de la familia.

Tan sólo existen plazas libres en las residencias privadas y su alto coste -por encima de los 50 euros diarios, como media- imposibilita esta opción para muchas familias que ven como el precio de sus vacaciones se dispara hasta hacer que sean inviables.

 
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