Como mujer de torero, María Ángeles Grajal tiene un perfil muy poco ortodoxo. A sus 53 años, además de ser la persona que -para pasmo de muchos- lleva conviviendo con el temperamental Jaime Ostos más de dos décadas, es médica neumóloga en activo y escritora a tiempo parcial. Su libro de autoayuda Espléndidas a los cincuenta (Arcopress) acaba de ser publicado en edición de bolsillo.
-¿Está contenta con el éxito de Espléndidas...?
-Encantada. He firmado libros a muchos maridos que se lo han regalado a sus mujeres.
-¿Y qué dedicatoria les pone?
-Sobre todo, que hagan un esfuerzo por comprender a esa mujer menopáusica, y en los cincuenta años, que unas veces estamos de los nervios, otras nos comemos el mundo y otras no sabemos qué hacer con nosotras mismas, porque el sistema hormonal se eleva, se baja y necesitamos una buena dosis de comprensión.
-¿Los hombres no sufren algo parecido?
-Ese es otro tema. A nosotras nos lo marca el sistema hormonal a los cincuenta, pero por supuesto que a los hombres les pasa también. Yo creo que un poco más tarde. Y cuando les pasa son impresentables, porque la mayoría van de chulitos, diciendo: «Yo me como el mundo; ahora es cuando voy a ligar con dos de 25». Y resulta que no pueden ni con una de cincuenta.
-¿Comprenden los maridos a sus señoras menopáusicas?
-El mío sí.
-¿Ostos no es muy machista?
-Hace años que no. Cuando le conocí sí que tenía un ramalazo machista, como la mayoría de los hombres. Lo que pasa es que ahí estamos las señoras para decirles que esto no funciona así.
Genética pura
-Usted le ha reciclado...
-Pues sí. Antes, siempre venía conmigo a los congresos de Medicina. Ahora no.
-¿Iba para impedirle ligar?
-Bueno, para que no me miraran los demás. O quizá también porque quería oír mi conferencia.
-En su libro se habla mucho del físico. ¿Se machaca?
-No se crea... Yo odio el gimnasio. Lo mío es genética pura. Las hipertiroideas tenemos la ventaja de ser mujeres altas y delgadas. Luego también hay otras desventajas, como el sofocarnos más, tener ciertas iras más subidas de tono, palpitaciones... Lo del insomnio no, porque yo duermo como un perrito pequeño.
-¿Eres alta y delgada como tu madre...?
-...Morena, saladaaaa. Pues sí, gracias a Dios, soy un calco de mi madre.
-¿Con qué tipo de mujer de las que describe en su libro se identifica?
-Con ninguna en particular. De mí hablo en la introducción y ya digo que estoy operada de 'las poitrines' y que tengo dos implantes dentarios.
-¿Del pecho se operó para aumentarlo o para ponerlo en su sitio?
-Por lo segundo, porque después de haber tenido un hijo...
-¿Es de las que se dicen: antes engañada que abandonada?
-No soy partidaria de eso. Prefiero que la mujer abandone. Hay señoras que se vuelven mucho más maravillosas tras deshacerse del pesado de su marido.
-¿A partir de cierta edad, mejor sola?
-Yo prefiero estar acompañada. Soy una mujer que necesito estar con un hombre que me quiera y que me atienda y al que yo pueda atender y querer. A mí me gusta mucho tocar a una persona y decirle cosas. Y necesito lo mismo. Cuando quiero estar sola, me meto en mi consulta con mis libros y mis enfermos y ya tengo bastante. Tengo muchas amigas solas y felices. Pero eso sí, con dinero. Mi libro es optimista.Yo trato en la consulta a pacientes con cáncer de pulmón, así que estoy acostumbrada a contar cosas agradables y a dar ánimo.
-¿Hay vida sin bótox a partir de los 50?
-Es carísimo, pero merece la pena. Una o dos veces al año, no hace daño.
-¿Es una aspirante a superwoman?
-Un poco sí. Me levanto a las siete de la mañana y a las ocho y media estoy pasando consulta o haciendo broncoscopia hasta la una y media o las dos. Por la tarde me dedico a escribir temas de medicina, conferencias... Y luego también me gusta escribir de otras cosas. Estoy preparando una novela titulada La noche que amé a Manolete.
-No tiene usted edad para haber amado a Manolete.
-No, pero es la historia de unas mujeres que han amado a toreros y no se han casado con ellos. Hay mucha tela ahí.
Tenorios y narcisos
-¿Amar a un torero es sufrir?
-Casi siempre lo es. En mi caso, fíjese si lo sería que me divorcié de él a los tres años, porque son personas muy difíciles. Jaime ha sido muy mujeriego. Son hombres que viven de cara a la gloria. Salen por la puerta grande, con miles de personas a sus pies, y luego se creen tenorios, narcisos, y es complicado que se quiten el traje de luces y se pongan a convivir.
-Se divorció, pero se volvió a casar con él.
-Claro, porque le puse un pliego de condiciones de aquí a Marruecos. Y ha cumplido a la perfección. Somos inmensamente felices.
-Tanto que se van a casar ahora por la Iglesia.
-Estamos casados por lo civil desde hace 23 años, pero yo soy muy católica y ahora lo quiero hacer por la Iglesia.
-¿Será este año?
-A principios de 2008.
-¿Se ve de blanco y con ramo?
-Eso ya lo hice. Vamos a intentar que sea algo bonito y original. Y que lo vea toda España, pero sin exclusivas. La boda la va a vivir un pueblo entero.
-¿Qué pueblo?
-Prefiero no decir el sitio. Pero será el próximo invierno. Iremos muy abrigaditos y muy ideales vestidos. Y no nos vamos a casar esquiando.