Sábado, 19 de mayo de 2007
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OPINIÓN

EDICIÓN IMPRESA

TIRANDO A DAR
Vida sexual
ASESA, o sea, la Asociación Española de Andrología ha realizado una encuesta en la que afirma que «tres de cada diez mujeres desearía una vida sexual más satisfactoria».

No sé, no sé, ¿tres de cada diez? Francamente, me parece un número muy bajo. Dice, también, la citada asociación que actualmente «las mujeres reivindican su derecho a disfrutar más de su sexualidad, cosa impensable hace tan sólo cinco años», y no digamos hace algunos más

No sé si conocen el chiste de dos amigas que se ven después de algún tiempo y una le dice a la otra que se había casado con un anciano multimillonario de noventa años. Al preguntarle la amiga que, con esa edad, cómo hacían el amor, la otra le responde que estaban en tratamiento: «vamos, él trata y yo miento». De igual manera, creo que las mujeres (o muchas de ellas) siguen su vida sexual en tratamiento.

Es verdad que no se trata ya de una educación retrógrada en donde el placer del hombre primaba por encima de cualquier cosa, es más bien como un pacto tácito en donde hasta la más voraz y sensual de las mujeres está increíblemente dispuesta a proporcionar placer antes que a disfrutar de su propia sexualidad. Sin embargo, parece ser que al menos tres de cada diez mujeres dice que naranjas de la China que, si antes pensaban mal de un hombre que quería sexo en la segunda cita, ahora piensan que es lento. Y hacen muy bien. El problema es que, ahora, los hombres andan más perdidos que nunca -y mira que lo estaban- y van como locos buscando cirujanos que les realicen operaciones de alargamiento de pene. Que sí, que ya sabemos que el tamaño no importa, que no condiciona el placer ni la relación sexual, que la vagina es como una boa constrictor (por favor no se me asusten caballeros) que se ajusta a la perfección al tamaño que se encuentre, facilitando la actividad placentera. Pero ellos, que son como niños -no todos, no todos - necesitan sentir cosas gordas entre sus piernas, por eso se compran esas motos enormes y se sienten los reyes del mambo mientras las conducen a toda pastilla. Claro, que definir al hombre ideal como aquel capaz de llevarnos el desayuno a la cama: un café en una mano, un zumo en la otra y doce donuts colgados de la pirulina, como que no les ayuda mucho.

¿Tres de cada diez! Sólo tres se arman de valor y expresan públicamente que quieren más y mejor relaciones sexuales, que hace ya mucho que dejó de dolerles la cabeza o que nunca les dolió y que necesitan al tigre, al jaguar, al macho que las vuelva locas de placer y que no están dispuestas a fingir orgasmos para que ellos salgan por la puerta grande sin traje de luces.

En cuanto a las otras siete (aunque ya saben lo de las encuestas y el pollo, yo me como un pollo, usted ni lo prueba y al final resulta que nos hemos comido medio cada uno), si es que son realmente siete las contentas con sus parejas, pues qué quieren que les diga, que ole sus o-varios, porque quizá en ese varios resida el secreto de su contento y de su satisfacción. Que no, mis queridos lectores, que es broma, que hay hombres que sin ser muchos son machos y saben que el tamaño que únicamente importa es el de la ternura que sean capaces de dar mientras dan sus cuerpos al mismo tiempo.

anamto@yahoo.es

 
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