No es el mismo tipo de acoso escolar, pero hace tanto o más daño que el que se produce entre los chicos. Rumores, falsos testimonios sobre la acosada, desprecios y exclusiones son las formas más típicas en las que se manifiesta la violencia entre las chicas en los centros escolares, un fenómeno que va en aumento en los últimos años entre el género femenino a medida que se gana en igualdad entre hombres y mujeres. Si hace unos años había una acosadora por cada cinco chicos abusones, hoy esa proporción es de una por cada tres. Es una de las conclusiones que ayer arrojó la primera sesión de las Jornadas Europeas sobre Convivencia Escolar, que se celebran hasta mañana en el Archivo Regional de Murcia y a las que asisten más de 500 personas de la Comunidad, de otras provincias y de países como Francia y Portugal, además de reputados analistas e investigadores de uno de los fenómenos más mediáticos de los últimos tiempos.
Para la catedrática de la Universidad de Córdoba Rosario Ortega, que ayer fue la encargada de abrir la sesión inaugural, este tipo de violencia moral y psicológica entre chicas está causada en muchas ocasiones «por celos entre ellas y, generalmente, por un chico. Esta circunstancia es curiosa, porque es una característica que, hasta hace muy poco, era típica entre los varones». A juicio de Ortega, «la sociedad se sorprende mucho cuando se habla de violencia entre las chicas, aunque no sea violencia física, sí que es un tipo de acoso que casi siempre va relacionado con el cortejo o con el inicio de las relaciones sexuales».
Causas y soluciones
Además, y dentro de las conclusiones de la primera jornada, destaca la exposición de los principales factores de riesgo existentes para que se produzca el famoso bullying: entre otros, el abandono organizativo de la convivencia escolar, la desatención a las redes de iguales y a la fragilidad ante el grupo, la desconexión intergeneracional y desatención a las necesidades emocionales, así como la incomunicación y la falta de recursos en las relaciones entre escuela y familia. Para acabar con la violencia en las aulas y el acoso escolar entre iguales, Rosario Ortega ofreció varias claves, que pasan por crear normas y reforzar el legal y administrativo para la optimización de la convivencia, así como establecer protocolos de actuación en casos concretos.
Estos protocolos se basan en tres pilares básicos. Por un lado la desarticulación del fenómeno, esto es, incluir métodos de actuación para desviar el comportamiento típico del acosador. Por otro, la atención a las víctimas (reforzar las habilidades sociales y muy especialmente la asertividad). Además, se hizo especial hincapié en que es tan importante esa ayuda a las víctimas como la atención a los agresores, mediante la restauración de la empatía en el abusón y la realización de un seguimiento muy minucioso. Aparte, según Rosario Ortega, son necesarias estrategias de comunicación entre la escuela y la familia. Otras actuaciones que pueden mejorar la convivencia en los centros y que quedaron claras en la jornada de ayer son la conexión generacional y hacer de la escuela un centro «democrático».
En lo que a la Región de Murcia se refiere, la catedrática de la Universidad de Córdoba puso como ejemplo las medidas que se adoptan desde la Consejería.