Jueves, 26 de abril de 2007
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Cultura
«Sin inocencia se puede sobrevivir, pero no vivir», deja claro Eugenia Rico
«Sin inocencia se puede sobrevivir, pero no vivir», deja claro Eugenia Rico
EN LA FNAC DE MURCIA. Eugenia Rico, ayer tarde firmando ejemplares. / J. LÓPEZ / AGM
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Se quedó de piedra Eugenia Rico, escritora. Se le congeló la sonrisa con la que procura ir por el mundo, y los ojos se le abrieron tanto que casi se podía entrar por ellos para acceder al fondo de su alma, sorprendida e incómoda ante lo que ocurría a escasos metros suyos.

Aeropuerto de Madrid. Martes. Eugenia Rico, que ayer presentó en la Fnac de Murcia El otoño alemán, la novela que le ha proporcionado el último premio Ateneo de Novela de Sevilla, se disponía a coger un taxi. Hacían lo mismo unas personas disminuidas físicas, con sus equipajes, muletas y dificultades a cuestas. De pronto, aparecen en escena unos ejecutivos con prisa, de pronto los ejecutivos se aprovechan de la lentitud de movimientos de los disminuidos físicos, a los que se pasan por las narices (suyas) delante de sus narices (de ellos), y de pronto -y por todo el morro- los ejecutivos se montan en el taxi que no les correspondía y desaparecen del lugar. «¿Cómo pueden hacerlo?», se pregunta. (¿Ay, Eugenia!).

Celos y torturas

A Eugenia Rico le gusta jugar con las contradicciones y miserias de los seres humanos, a los que por otro lado hace soñar y divierte con sus escritos. Celos y torturas psicológicas aparecen, por ejemplo, en El otoño alemán, su última novela. «La indiferencia también es una forma de tortura, de crueldad», defiende la autora asturiana, finalista del Premio Primavera de Novela 2004 con En el país de las vacas sin ojos.

Vive Eugenia Rico observando el mundo. Ayer, camino del hotel después de comer, se topó con un herido en plena acera al que estaba atendiendo un equipo de urgencias. «En unos segundos el herido se vio rodeado de curiosos», dice. «¿Qué final más poco adecuado para una buena comida!», añade. Crueldad e inocencia: «Hemos perdido la inocencia cuando dejamos de ilusionarnos, de creer, de volver a empezar, de volver a ser un poco niños... La inocencia es muy salvadora. Sin inocencia se puede sobrevivir, pero no vivir».

 
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