El callejón de Zorrilla no debe su nombre al autor del Tenorio, sino a un fraile llamado Manuel Zorrilla, aunque, eso sí, tiene el honor de haber sido el lugar donde naciera Isaac Peral y Caballero, inventor del submarino.
Este callejón, según relata Federico Casal, existía ya a últimos del siglo XVII con la denominación de la Barrilla, y había establecidos en él dos almacenes, propiedad de genoveses, donde depositaban la barrilla, producto que se recolectaba en abundancia en los campos de la ciudad y era objeto de un importante comercio de exportación. La barrilla cartagenera gozaba de gran fama por su calidad y fue la base de la importante industria jabonera que se explotó en la ciudad desde mediados del siglo XVI hasta últimos del XVIII.
Este callejón se llamó también de Los Genoveses y por el año 1830 habitó en él fray Manuel Zorrilla, presbítero, religioso de San Diego, secularizado y teniente cura de la iglesia castrense establecida entonces en el convento de la Merced. De este sacerdote tomó el callejón el nombre que lleva.
El callejón de Zorrilla está conectado con la calle de San Francisco, que también tuvo el nombre del polígrafo Joaquín Costa, y en él se encuentra la Imprenta Nicomedes Gómez. En la fachada del inmueble en que nació Isaac Peral hay colocadas dos placas que recuerdan ese acontecimiento, una de ellas con la efigie del inventor y con el submarino y otra en la que figuran los datos del mundialmente conocido cartagenero.
En cuanto a la calle de San Francisco, que enlaza la plaza de San Ginés de la Jara con la Glorieta y la calle de Campos, y que tiene por su izquierda el callejón de Zorrilla, debe su nombre a que en su acera derecha estuvo el convento de San Francisco, construido a principios del siglo XVI, si bien primeramente tuvo el nombre de Pedro Mora, por vivir en ella un sujeto así llamado que tenía en aquella vía una importante tienda de regatonería. Por el año 1601 tenía en dicha calle el maestro Juan de Balboa una escuela para enseñar a los niños a leer.
A principios del XVIII, se establecieron en esta calle tres carpinterías, y la calle era denominada unas veces por San Francisco y otra de Carpinteros. En 1771 vivió en ella el pintor Juan Bautista Bornía, quien tenía en su taller como oficiales a dos cartageneros llamados Pedro Alverá y José Antonio Zamora y al genovés Francisco Pitanilla.
Por el año 1844 fue demolido el convento y vendidos los solares que resultaron del derribo y se construyeron casas en la acera que antes ocupara el monasterio. Y fue el 15 de febrero de 1911, cuando el Ayuntamiento dio el nombre de Joaquín Costa a esta calle. Con el transcurso del tiempo, la calle recuperó el nombre de San Francisco, que es el que conserva.
Pocos años después de dar al callejón el nombre de Zorrilla nació en él Isaac Peral, concretamente el 1 de junio de 1851, como señala Erna Pérez de Puig en su completo libro Isaac Peral. Su obra y su tiempo, el cual fue declarado de «interés» para la Armada. Hijo de Isabel Caballero Díaz, natural de Cartagena, esposa del entonces condestable del Cuerpo de Artillería, Juan Manuel Peral Torres, nacido en San Fernando (Cádiz), fue bautizado dos días después de su nacimiento en la parroquia castrense de San Fernando, establecida en la iglesia de Santa María de Gracia de Cartagena, por don Francisco Estévez, quien le impuso los nombres de Isaac Tomás José María Segundo.
En La Carraca
El 1 de julio de 1865 ingresó en la Escuela Naval de la Armada. En 1872 pasó a Cuba de segundo comandante del cañonero Dardo. En 1882 sirvió en los apostaderos de Cuba y Filipinas, siendo nombrado ese mismo año profesor de Física y Química de la Academia de Aplicación de Marina. Casó con María del Carmen Cencio, de cuyo matrimonio hubo nueve hijos.
Cuando Narciso Monturiol, en 1859, empezó su experimento de navegación con el Ictíneo, Isaac Peral había concebido su proyecto de navegación submarina, pero lo mantuvo oculto hasta 1884 en que, ante el conflicto de las Islas Carolinas, creyó el momento de revelar su secreto. Se dieron principio a las obras del torpedero submarino Peral en el Arsenal de La Carraca el 23 de octubre de 1887, botándose el 8 de septiembre de 1888.
Los triunfos, las envidias, las vicisitudes por las que pasó el inventor ocuparían un largo y doloroso capítulo. En 1891 obtuvo la licencia absoluta cuando era teniente de navío. En 1895 se trasladó a Berlín, donde fue operado de un tumor cerebral, falleciendo el 22 de mayo de dicho año. Sus restos fueron trasladados de Berlín a Madrid, recibiendo sepultura en el cementerio de la Almudena el 29 de mayo de 1895 y el 29 de abril de 1911 se exhumaron para que recibieran sepultura en el cementerio de Nuestra Señora de los Remedios, donde el 1 de noviembre de 1927 pasaron al panteón actual.
El mausoleo se construyó siendo alcalde de Cartagena Alfonso Torres y siendo capitán general del Departamento Juan Bautista Aznar, que fue discípulo de Peral. De la familia Peral, asistieron sus hijos Antonio y Carmen, ésta con su hijo mayor y su sobrino Isaac. En cuanto al casco del prototipo del submarino, debido a la iniciativa del que fue ministro de Marina y eminente submarinista Mateo García de los Reyes fue traído a Cartagena desde el Arsenal de La Carraca en 1928, colocándose en la Base de Submarinos, hasta que en 1965, siendo alcalde Federico Trillo-Figueroa y Vázquez, de acuerdo con las autoridades de Marina, logró que el submarino fuera sacado del Arsenal y ocupase un lugar de privilegio en el muelle de Alfonso XII frente al monumento a los Héroes de Cavite y Santiago de Cuba. Posteriormente, ha sido trasladado a una central de dicho Muelle.
También Isaac Peral posee un monumento en el barrio que lleva su nombre. Pero el callejón de Zorrilla, de apariencia modesta pero ubicado en el centro del casco antiguo, conserva con orgullo el gran privilegio de ser el lugar donde vino al mundo un cartagenero universal, cuyos restos también reposan en su Cartagena natal y los que se rinden homenajes por las dotaciones de los submarinos extranjeros que visitan el puerto y ante los que, todos los años, el 1 de noviembre, las autoridades de Marina tienen un recuerdo por el eterno descanso de su alma.