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Para no perderse: El Perdón celebra esta mañana el descendimiento y besapié de su titular, un multitudinario acto que cada año provoca largas colas -y un sabroso ambiente festivo- en la parroquia de San Antolín. Al caer la tarde: Un buen sitio para disfrutar de la procesión es su salida, que alcance el clímax al aparecer por el dintel de la puerta El Perdón. Las calles angostas y estrechas también permiten sentir con intensidad el cortejo.
De un tirón: La recogida es espectacular. La plaza llena de miles de murcianos, encarado el Cristo hacia ellos, mientras se lee un texto sobre la Crucifixión. Al instante, al son de la Marcha Real, los estantes llevan el pesado trono al interior del templo, subiendo de un tirón la rampa de acceso.
Si quiere sentarse: La procesión es tan popular que, desde primera hora de la mañana, aún antes de que coloquen las sillas, muchas familias reservan con papeles y cinta adhesiva lugares de la carrera. A primera hora de la tarde, en según qué lugares, no quedará un sitio libre.
Una joya: En el desfile de El Perdón se puede admirar un vestigio del antiguo gremio de los Torcedores y Tejedores de Seda, organizadores de la procesión. Se trata del antiguo estandarte de los sederos, con más de cuatro siglos de historia.
Desde el siglo XVI
Obligaciones: La Real, Ilustre y Muy Noble Cofradía del Perdón tiene sus orígenes en el año 1600, ya que es sucesora de una cofradía gremial de tejedores y torcedores de seda que procesionaba los Jueves Santos desde San Antolín, asociados con los nazarenos del Prendimiento y Cristo de los Azotes. Un decreto del obispo de Cartagena Murcia Diego de Rojas en 1758 y las ordenanzas de Carlos III que prohibían las penitencias públicas y también las procesiones nocturnas, hicieron que desapareciera la primitiva cofradía. En 1896 un grupo de murcianos fundaron la actual cofradía, reunidos en el domicilio del por entonces párroco de San Antolín, Pedro González. Durante mucho tiempo se la llamó la procesión de las colas, ya que las túnicas color magenta de los nazarenos se remataban con una cola, hoy ya suprimida. La imagen del titular preside el altar mayor de la parroquia y su descendimiento es muy emotivo. |
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Oro para una talla más valiosa que el oro mismo. El Cristo del Perdón saldrá esta tarde a las calles sobre su antiguo trono, restaurado por el taller de los Hermanos Noguera durante varios meses; tantos como han sido necesarios para renovar su antiguo armazón y recubrir con oro de ley todas las piezas que conforman este altar andante.
Tradición y fervor se unirán durante todo el día de hoy en el barrio de San Antolín para evidenciar, tanto en el besapié de la mañana como en la procesión de la tarde, el interminable cariño que miles de murcianos tienen al Cristo del Perdón.
Una oportunidad también de oro para descubrir que la Semana Santa murciana, aparte del irremplazable Salzillo, cuenta con otros autores de interés. Así, el remoto estandarte de los tejedores y torcedores de seda, con el incienso de 4 siglos impregnado en la tela, proclamará a las 19.00 horas que la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón, Real, Ilustre y Muy Noble, tiñe de terciopelo magenta una de las más tradicionales procesiones españolas.
Diez tronos, que antecede la hermandad de promesas, entre los que destaca el penúltimo, el Cristo (siglo XVIII), atribuido a Nicolás Salzillo, frente a la Dolorosa de Roque López (1793), el San Juan, de Salzillo (1737) y la Magdalena, de Sánchez Tapia (1897). Un rosal intenta echar raíces en el madero del titular. Detrás, cierra el cortejo la Virgen de la Soledad, de Sánchez Lozano (1943), cuya hermandad luce túnica de raso negro y está compuesta sólo por mujeres. El primero de los tronos, Jesús en Getsemaní, de Hernández Navarro, es la incorporación más reciente, en 1996. Le siguen el Prendimiento de Jesús, obra de Sánchez Lozano (1947) y Jesús Ante Caifás, con tallas de Damián Pastor y Castillejos. El cuarto paso es obra de Sánchez Lozano (1945) y presenta la Flagelación. A continuación desfilan la Coronación de Espinas, de Hernández Navarro (1982) y el Encuentro en la Vía Dolorosa, con imágenes de Sánchez Lozano (1948) y Clemente Cantos (1924).
Una Verónica de Toledo Sánchez (1945) precede al paso del Ascendimiento. Cierran el cortejo el Calvario y la imagen de la Soledad. El Calvario lleva la imagen del titular, el Cristo del Perdón, atribuido a Salzillo, con la Dolorosa a sus pies, talla de Roque López y un San Juan, de Salzillo. También les acompaña María Magdalena, de Sánchez Tapia (1897). Como adorno, la Cruz luce un rosal florido abrazado al madero. Nuestra Señora de la Soledad es obra de Sánchez Lozano. Su hermandad, formada por mujeres, luce túnica de raso negro.
Recogida espectacular
La procesión es el primer desfile de Semana Santa en que es necesario no despistarse para ocupar alguna sillas que delimitan su itinerario. La procesión es tan popular que, desde primera hora de la mañana, aún antes de que coloquen esos asientos de tabla, muchas familias reservan con papeles y cinta adhesiva lugares de la carrera. A primera hora de la tarde, en según qué zonas, no quedará un sitio libre. Entretanto, otros prefieren acudir a la parroquia de San Antolín para deleitarse con la emotiva salida de los tronos, mientras las hermandades se forman en la calle lateral.
La recogida de la procesión es espectacular. La plaza llena de miles de murcianos, encarado el Cristo hacia ellos, mientras se lee un texto sobre la Crucifixión. Al instante, al son de la Marcha Real, los estantes llevan el pesado trono al interior del templo, subiendo de un tirón la rampa de acceso. Pero hasta que llegue ese momento culminante, habrá que vivir muchas emociones. Sobre todo aquellos que acudan esta mañana,a partir de las 12.00 horas, al descendimiento del titular y el posterior besapié.