Un alegre volteo de campanas anunció ayer la ceremonia de bendición de las palmas en la Catedral. Junto a la puerta de San Fulgencio, en la plaza de la Cruz, se encontraban depositadas, como es tradicional, las ramas de olivo procedentes de las talas de los olivares de la Fuensanta, para que los fieles las cogiesen y utilizasen en la procesión.
El maestro de liturgia de la Catedral, Miguel Conesa, se encargó de leer las primeras preces, antes de que el canónigo David Gascón, diera lectura al evangelio de San Lucas, en el que cuenta como el Mesías envió a por un borrico que se hallaba atado en la entrada de una aldea, diciendo «Si alguien te pregunta, di que tu señor lo necesita».
Después, el obispo, monseñor Reig Pla, se dirigió a los fieles pidiéndoles que imitasen el júbilo del pueblo que acompañó a Jesús hasta Jerusalén, aclamándolo entre palmas y olivos.
Después utilizando un hisopo de plantas aromáticas, aspersó agua bendita sobre las palmas y ramas de olivo que los fieles le presentaron. Entre ellos estaban el alcalde de la ciudad, Miguel Ángel Cámara, y los concejales Paco Porto, José Ros, María Isabel Valcárcel y María José Velasco.
Seguidamente se formó la procesión, encabezada por la cruz alzada y los dos velones de plata, e incensarios de la Catedral, el coro de la Escolanía, y distintas dignidades eclesiásticas, las autoridades municipales y escolta de maceros. Finalmente unas quinientas personas iban cerrando la comitiva, que salió de la plaza de la Cruz, y entró a la Catedral por la puerta del Perdón, en la plaza de Belluga. Junto al obispo, que llevaba una bonita palma, tejida con artísticos cálices y estrellas, iba el deán José Antonio Trigueros y canónigos con palmas lisas.