Lees los libros del filósofo y escritor Fernando Savater (San Sebastián, 1947) y te sirven de alfombra voladora para recorrer el mundo. Libros que te miran, que te descubren nuevos caminos, te observan, te alertan, te muestran misterios, peligros, emociones, duelos, pasiones. Si para Roland Barthes «la foto es como un teatro primitivo, como un cuadro viviente, la figuración del aspecto inmóvil y pintarrajeado bajo el cual vemos a los muertos», para Savater la razón es la clave para afrontar la vida. Jorge Amado, quien de pequeño quedó impresionado por su primer viaje a lomos de un caballo de madera en un carrusel de pueblo que cabalgaba a ritmo de una pianola, necesitaba poco para considerar que estaba en su casa: una mesa para comer, una cama para dormir y una máquina para escribir. Fernando Savater necesita mirar el mundo y que le escuchen, sentir y ser coherente para considerarse miembro del mundo despierto de los vivos. Derek Walcott, en La Abundancia, escribe: «No hay nada excepto el sol al final de la calle y un caliente mar entre las casas que se desmoronan». Savater, inquieto y devorado por la curiosidad, respira más tranquilo cuando, como anuncia Walcott, él también puede asegurar: «... y ahora ya pasó el éxtasis de la desesperación». La entrevista con Savater, que acaba de publicar La vida eterna (Ariel), tiene lugar en Murcia, donde ha sido presentado el libro Ética, política y educación en la obra de Fernando Savater, elaborado con esmero por los profesores murcianos de Filosofía Francisco Giménez Gracia y Enrique Ujaldón.
-¿Para qué escribió La vida eterna?
-Para reflexionar. Creo que la reflexión siempre es un buen arma contra las intransigencias y las intolerancias, hoy tan extendidas entre nosotros.
-¿Cómo define los dogmas?
-Como muros, como barreras contra los que te partes la cabeza sin más remedio. Un dogma no tiene resquicios y eso para alguien que, como a mí, le gusta navegar es bastante frustrante.
-¿Se puede tener fe sin caer en la ceguera?
-No, la fe es ciega porque si no, no es fe.
-¿Hay fe con matices?
-Yo distingo en La vida eterna entre fe y credulidad. La fe tiene muchas contraindicaciones, porque implica desconfianza en la razón y quiere ir más allá de lo que la razón nos permite. Pero peor aún que la fe es la credulidad, porque la credulidad es cambiar las razones por lo que nos agrada, lo que nos interesa, lo que nos halaga. Creo que nuestro mundo es un mundo mucho más de credulidad que de fe, y la credulidad es un mal mayor que la fe.
-Del fenómeno religioso, ¿qué es lo que más le inquieta o le sorprende?
-Hace cincuenta años pensábamos que la religión era una cuestión que ya había pasado al ámbito privado, que interesaba o que no interesaba, pero a nivel individual. Hoy volvemos a ver que la religión se convierte en un motor social que, incluso, a veces lleva a cometer actos terroristas o practicar formas de intransigencia y de enfrentamiento. En el mundo de hoy hay un montón de conflictos que de una u otra manera tienen un referente religioso.
-¿Cómo se le queda el cuerpo cuando ve que el amor al prójimo deriva en la aniquilación del prójimo?
-La religión siempre ha tenido esas dos vertientes. Por un lado, es capaz de suscitar las mayores muestras de sacrificio, de devoción y de entrega; y, por otra parte, fomenta la intransigencia y la persecución. La religión es capaz de lo mejor y de lo peor. Ese es el problema de la religión: es una droga y antes de tomarla no sabemos si nos vamos a convertir en Jekyll o Hyde.
Mezquitas y sinagogas
-¿Dónde cree que debería enseñarse la religión?
-En las parroquias, en las mezquitas, en las sinagogas. Nunca en una escuela dentro de la enseñanza pública.
-¿Usted cree que en países occidentales como España realmente es posible la convivencia pacífica y el entendimiento con el Islam?
-Por supuesto que sí. Todas las religiones, si se convierten en un derecho de cada cual y no en un deber de todos, pueden convivir perfectamente. El problema es cuando una religión cree que puede dictar normas a toda la sociedad, creyentes o no; con ese tipo de religión no se puede convivir democráticamente. Otra cosa es que las religiones asuman que hablan sólo para sus fieles y que no pueden pretender convertir en crímenes lo que ellas consideran pecado.
-¿Tenemos algún derecho a prohibirle a una mujer musulmana que vaya por nuestras calles con un burka en toda regla?
-Si es necesario por razones de orden público y de respeto a los derechos humanos, sí. Igual que en nuestra sociedad nos encontramos con la lamentable tradición del macho que le pega una paliza a la mujer cuando le levanta la voz, y a nadie se le ocurre darle un valor cultural que merece ser conservado, sino todo lo contrario y para eso la combatimos mediante leyes y educación, está claro que tenemos que hacer lo mismo con la dimensión bárbara de otras religiones o culturas.
-¿Dónde poner el límite a la tolerancia?
-La medida son los límites constitucionales y del Estado de Derecho. Las leyes laicas siempre tienen que estar por encima de las religiosas, y si se ve que hay alguna violación de derechos fundamentales o se pone en peligro la seguridad ciudadana, pues naturalmente que no hay precepto que valga.
Educación y vigilancia
-¿Tiene alguna fórmula para combatir el fanatismo?
-No, ni yo ni nadie. Tenemos que estar siempre prevenidos y crear sociedades en las que desde la educación a los más jóvenes se les haga desistir de sumarse a esas ideas fanáticas. Educación y vigilancia deben estar al servicio de evitar todo aquello que se convierte en un peligro de exterminio para los demás.
-¿Sigue defendiendo que el Gobierno español no debería dar un trato de favor a la Iglesia Católica?
-Por supuesto. Conozco a pocas personas que piensen otra cosa. Lo que sí puede ser es que no lo digan en voz alta.
-¿Cómo le ha influido el no creer en Dios en su visión del mundo?
-Dios existe como una institución, como existen el Banco Español de Crédito u otras instituciones que cuentan con sus servidores y están presentes en nuestros discursos; ahora, suponer que además de la naturaleza existe otra dimensión que no es natural y que es una especie de milagro perpetuo, me parece que va en contra de la razón. Y, francamente, tenemos pocas cosas más que la razón para defendernos de la vida.
-¿Por qué la inmensa mayoría cree en Dios?
-La gente dice que cree en Dios, pero en cuanto les haces dos preguntas ya no saben decir en qué creen, ni cómo es eso en lo que creen; al final acaban diciendo que esperan que haya alguien que se ocupe de ellos de alguna forma.
-¿Sin Dios se es más libre o menos libre?
-Libres somos de todas las maneras. Lo que existe es una especie de necesidad de consuelo, porque no queremos admitir nuestra perdición, el saber que finalmente nos perdemos del todo.
-De todo lo que observa a su alrededor, ¿qué es lo que más le alarma en estos momentos?
-Viviendo en el País Vasco, desgraciadamente me alarman bastantes cosas referentes a la política. Es decir, me alarma la posibilidad de que la violencia terrorista acabe no porque haya sido derrotada, sino porque haya conseguido los objetivos de hegemonía impuesta y blindada del nacionalismo y tengamos que quedarnos con eso para los restos.
-¿Qué piensa de la atenuación de la pena al asesino De Juana Chaos?
-Que es un sinsentido democrático porque implica ceder al chantaje de un terrorista y crear un malísimo precedente. ¿Qué pasa con todos los cuidadanos que estamos resistiendo los chantajes del terrorismo? Si el Estado manda el mensaje de que para sacar alguna ventajilla se puede ceder al chantaje, pues muy mal aviso...
-¿Está siendo desleal el PP con el Gobierno en materia antiterrorista?
-Está siendo crítico, a veces estridente y a veces demasiado truculento. Pero, evidentemente, las objeciones que está planteando en materia de política antiterrorista las comparten con muchísimos grupos de víctimas, de movimientos sociales y con muchas personas que, por desgracia, conocemos muy bien el tema y planteamos las mismas pegas. No todas las críticas del PP al Gobierno son exageraciones electoralistas.
-¿Debería pedir perdón Aznar por su apoyo a la guerra de Irak?
-Debería reconocer que la guerra de Irak fue un grave error. En Irak se ha creado una situación aún peor de la que había entonces. Debería recordar que los seres racionales cuando nos equivocamos debemos admitirlo. Todos cometemos errores.
-¿Tiene la impresión de que las dos Españas se están envalentonando y la gran fractura social de la que se habla puede llegar a producirse?
-No hay dos Españas, hay muchas. Hay opiniones distintas encontradas, pero no vivimos una situación dramática.
-¿Cree que el juicio del 11-M está sirviendo para arrojar algo de luz sobre quiénes y por qué perpetraron aquella brutalidad?
-Pues sí. Se confirma lo que llevamos pensando desde hace mucho tiempo: es un atentado islamista que no tiene nada que ver ni con ETA ni con conspiraciones extrañas. No creo que nadie haya pensado nunca en el País Vasco que ETA estaba implicada. Conociendo un poco a ETA es absurdo pensar en esa tremenda tontería de que participó en el 11-M.