Jueves, 1 de marzo de 2007
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OPINIÓN

EDICIÓN IMPRESA

LA TRIBUNA DE 'LA VERDAD'
La industria agroalimentaria regional
Acontecimientos de diversa índole (déficit hídrico, reforma de la Organización Común de Mercados (OCM), desarme arancelario, competencia de países terceros ) acaecidos en tiempo más o menos cercano, nos hacen reflexionar acerca del posible alcance de sus efectos sobre el normal desarrollo de la actividad industrial que nos ocupa. Es ampliamente conocido que la industria agroalimentaria constituye uno de los pilares mas importantes sobre los que se asienta la economía regional y, desde luego, el fundamental dentro del sector industrial, no en vano representa casi un tercio del mismo y da empleo a cerca de 20.000 personas, de las que casi un 50% pertenecen al sector de transformados de frutas y hortalizas.

La industria transformadora de frutas y hortalizas de la Región de Murcia representa aproximadamente un tercio de la producción nacional, sus exportaciones superan los 400 millones de euros. En el capítulo de frutas las empresas de nuestra Región representan casi la mitad del conjunto nacional.

Tras un siglo de existencia, es el sector de mayor arraigo y tradición de nuestra economía sin cuyo análisis histórico no sería posible entender el desarrollo socio-económico de la Región de Murcia. A lo largo de los años viene generando una fuerte actividad inducida sobre otros sectores: transporte, metalmecánico, envases, químico, etc y de manera especial al sector agrario. La complementariedad y el apoyo mutuo agricultura-industria constituyen un modelo que ha hecho de la Región de Murcia un referente mundial. Esta realidad lo configura como un sector estratégico básico que requiere la máxima atención de las Administraciones y de la sociedad en general.

En los dos últimos años la actividad de la industria agroalimentaria se ha caracterizado por la incertidumbre derivada de la falta de agua y por tanto de la falta de garantía de suministro de materia prima en cantidad y calidad necesarias para planificar las campañas. Tampoco parece que se ofrezcan soluciones a medio y largo plazo para resolver el déficit hídrico de nuestra agricultura, cabe pensar, sin desearlo, que en el fondo puede estar la apuesta de quienes se alegrarían de la desaparición de una buena parte de nuestra moderna agricultura y su industria derivada.

La proyectada reforma de la OCM europea no es bien recibida por la inmensa mayoría de los operadores, al final, el objetivo no es otro que reducir los fondos destinados a la agricultura. La propuesta de desligar o desacoplar la ayuda que actualmente reciben los agricultores por destinar sus productos a la industria transformadora, no es más que un paso hacia su desaparición. Se anula así, un incentivo que juega un importante papel en el entendimiento entre el sector agrario y el sector industrial. De llevarse a cabo la reforma tal como está prevista, podría suponer la desaparición de la mitad de las industrias transformadoras de cítricos y de la cuarta parte de las industrias transformadoras de melocotón y pera. La consecuencia inmediata sería la desaparición de 2.000 empleos directos y 5.000 indirectos.

Así las cosas y teniendo en cuenta las nuevas tecnologías (producción, comunicación, información ), los nuevos hábitos de consumo, los valores asociados a conceptos como medio ambiente, calidad de vida o seguridad alimentaria, la globalización de los mercados, etc se configura un escenario en el que se precisan nuevas formas de actuación.

Desde un punto de vista económico las empresas del sector industrial han de ganar dimensión. Por un lado, el sector agrario se ha ordenado en los últimos años entorno al movimiento cooperativo haciendo unidades de oferta mas grandes y potentes, por otro el sector de la distribución comercial ha derivado en un alto grado de concentración que le permite imponer sus condiciones en las transacciones comerciales. En medio, un sector industrial débil, pendiente de poner en valor su enorme potencial.

También para ganar el futuro es necesario evolucionar hacia una mayor dimensión de nuestras empresas que les permita más autonomía y mayor grado de investigación para, sobre todo, desarrollar nuevos productos. La investigación, el desarrollo y la innovación han estado presentes a lo largo de la historia de este sector, cien años de actividad no se entienden si no van acompañados de un permanente esfuerzo de actualización y adaptación a las exigencias de cada momento, sean de tecnología como de mercados y consumidores. Justo es reconocer la valiosa aportación que, en este sentido, ha supuesto el Centro Tecnológico Nacional de la Conserva y Alimentación que, con la estrecha colaboración del Gobierno regional -a través del INFO y de la Consejería de Agricultura- ha facilitado a las empresas el acceso a la investigación e innovación: nuevos alimentos cocinados, refrigerados o congelados de mayor calidad sensorial y nutritiva, nuevas formulaciones y nuevos alimentos funcionales enriquecidos, nuevos envases, garantía en seguridad alimentaria, múltiples ensayos, planta piloto, puesta en valor de subproductos

Empresarios, sindicatos, Gobierno regional y central, todos, compartimos la responsabilidad de no perder el potencial económico-social que representa este sector en la economía regional, es preciso que se articulen las medidas necesarias dentro del programa 2007/2013 que incentiven a las empresas a afrontar el futuro ganando dimensión.

José García Gómez es Presidente de la Agrupación de Conserveros y Empresas de Alimentación.

 
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