Domingo, 17 de diciembre de 2006
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CRÍTICA DE MÚSICA
El Mesías
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El Mesías, de Haendel. Orquesta Filarmónica y Coro Académico de Saratov. Directo: I. Manasherov y solistas. Navidad con CajaMurcia. Catedral de Murcia,14 de diciembre.

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Al retornar a la Catedral el célebre oratorio de Haendel vuelve a confirmarse que el aspecto más reconfortante en estas multitudinarias actuaciones suele residir en el público. En el recogimiento, la atención y la asumida incomodidad con que desde cualquier rincón del templo se sigue el desarrollo de esta partitura genial que, como es sabido, comprende, a lo largo de sus tres partes, la anunciación y nacimiento de Jesucristo, su pasión y resurrección y su glorificación y superación de la muerte.

Como obra emblemática, El Mesías, al igual que sucede con la Novena Sinfonía de Beethoven, y La Pasión según San Mateo de Bach, tiene su público. Y sin intentar, en modo alguno, establecer ningún tipo de comparaciones, que relaciones sí que las hay, y muchas, es evidente que todos esperan esa expresión de júbilo, absolutamente genial, de los Aleluya para sentir el efecto de una gloriosa transmutación a ese reino único de la música. Incluso, puede que, a partir de ahí, se experimente una cierta desilusión, si enseguida no escucháramos a la soprano su consoladora aria Yo sé mi Redentor o al bajo su brillantísima Aria de la trompeta.

Pues ni una ni otra entraron en la selección que el joven Igor Manasherov ofreció al frente de sus huestes, dando la impresión que se encontraba muy de nuevas en esta monumental partitura. Porque una cosa es establecer el acuerdo de una severa selección del oratorio, que desde la frialdad del ambiente incluso se llegaba a agradecer, y algo muy distinto dejar fuera, pongo por caso, el inicial accompagnato de tenor Consolad, consolad a Mi pueblo dejando absolutamente desguarnecida la primera aria incluída, y otros fragmentos excelsos como la emocionante aria de alto Fue despreciado y rechazado que constituye uno de los ejes fundamentales del Oratorio.

Tampoco destacó el joven maestro de San Petersburgo por su madurez de estilo, sacando escaso provecho de la profesionalidad de los filarmónicos de Saratov y dejando producirse machaconamente a un coro de sonoridad no desdeñable. Del cuarteto solista integrado por Tatiana Petrova, soprano, Natalia Akinina, mezzo, Arseni Arssov y Plamen Beykov, bajo, destacó sobremanera el último, por su prestancia vocal y solvencia en este tipo de repertorio.

 
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