Hace apenas un mes que el etnomusicólogo uruguayo y nacionalizado español Carlos Blanco Fadol se embarcó en una lancha para remontar el río Amazonas en busca de las tribus de los yaguas, los boras y los jíbaros -conocidos por ser reductores de cabezas- tras las notas musicales de estos pueblos indígenas.
Con una flauta como instrumento de comunicación se sumergió una vez más en la aventura de acercarse -«siempre con respeto hacia su cultura, su lengua y yendo como invitado, no a enseñarles nada»- a civilizaciones primitivas de América Latina. «La música siempre me abre puertas. En mi larga experiencia he descubierto que la música es el arte que comunica de forma más rápida y que es un vehículo antropológico puro de comunicación», asegura.
La flauta de la concordia
Hasta el guía estaba sorprendido. Con una flauta consiguió ganarse al jefe de la tribu de los yaguas -la primera con la que contactó en este viaje-, a quien enseñó a tocar una flauta tailandesa de bambú con la que le obsequió; con el sonido de la misma flauta cautivó a la anciana de los jíbaros -«con anciana me refiero a una mujer de 40 años, que es la esperanza de vida en esas tribus»-, que se lanzó a cantar en su honor una antigua canción en su idioma nativo. «Pude grabar esta canción que ni su propia hija me pudo traducir, porque ya no conoce ese idioma, y que unos días después di a conocer en una conferencia que ofrecí en el Conservatorio Nacional de la Música de Perú», explica Blanco Fadol.
El experto en instrumentos y músicas del mundo asegura que nos encontramos en un momento terrible y advierte que el proceso de desaparición de las tradiciones de estos pueblos indígenas se ha acelerado de una manera alarmante. «El proceso es más rápido de lo que creía. Hace 8 años dije que en 20 años no quedaría nada de este patrimonio que yo me dedico a recopilar y conservar, pero lo cierto es que en los próximos cinco años tengo que hacer un esfuerzo en recopilarlo todo, porque las reproducciones de instrumentos que se hacen ya no tienen aplicaciones musicales, son meros souvenirs», explica.
Sin memoria histórica
Esta es la impresión que le ha producido el reciente contacto con las tribus indígenas de la región peruana del Amazonas de Iquitos. «Me impactó mucho comprobar con los yaguas que dos de los instrumentos que tengo en el museo y pertenecen a esa tribu, ruuhuití macho y el ruuhuití hembra, ya no existen allí. Hace 30 años que yo los tengo en mi poder y, como allí las generaciones son tan cortas, no me pudieron dar ninguna referencia de ellos. Los únicos instrumentos que conservan son una pequeña flauta y un tambor, que estuvieron tocando conmigo», recuerda.
Según asegura este experto en música de todas las épocas y todas las latitudes, el 70% de los instrumentos que reúne su colección privada de más de 2.500 piezas ya han desaparecido: «Ni se tocan ni se fabrican», asegura apenado y añade, «por suerte tengo en mi poder otros 20 más que he conseguido en este viaje, porque seguro que dentro de un año todo estará mucho más deteriorado. Este proceso es coherente con lo que está pasando en los últimos tiempos: la desaparición de la fauna, de la flora, de las lenguas...». Y explica que en estos poblados primitivos las mujeres son las verdaderas enciclopedias de la cultura, las guardianas de tradiciones y lenguas. Una enciclopedia que se borra al ritmo que avanza la globalización. Curiosamente, una de las mujeres de la tribu de los jíbaros le contó que la última cabeza reducida de la que tiene noticia era de su abuelo y acabó comida por un perro.