Miércoles, 13 de diciembre de 2006
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CRISTÓBAL SEVILLA JIMÉNEZ DIRECTOR DEL INSTITUTO TEOLÓGICO SAN FULGENCIO Conteste, por favor
«Hay desiertos interiores, como el del abandono o la soledad»
El sacerdote presenta mañana en el Seminario Mayor su último trabajo, 'El desierto en el profeta Oseas'
«Hay desiertos interiores, como  el del abandono               o la soledad»
INVESTIGADOR. El sacerdote Cristóbal Sevilla. / G. CARRIÓN / AGM
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Cristóbal Sevilla es un investigador nato. Nació en Bullas y su vida se ha centrado en el ámbito religioso como sacerdote. Ha recorrido diversos pueblos de la Región pero marchó a Jerusalén y Roma licenciándose en Sagradas Escrituras y doctorándose en Teología Bíblica. Actualmente es párroco de Ulea, además de ser profesor y director del Instituto Teológico San Fulgencio. Muchos de sus trabajos se han centrado en el tema del desierto, sobre todo visto desde el punto de vista bíblico. Mañana, a las 13 horas, en el aula magna del Instituto Teológico del Seminario Mayor de Murcia será presentada su última publicación El desierto en el profeta Oseas.

- ¿Por qué eligió este tema para la tesis doctoral que ahora se publica en un libro?

- Mis dos primeros años de sacerdote los pasé en Tierra Santa y tuve la suerte de estudiar la historia, la arqueología, y la geografía de la Biblia. He visitado el desierto del Sinaí e incluso he guiado a algún grupo por aquellos lugares. Desde entonces me interesa el desierto como lugar histórico, geográfico, teológico y espiritual.

- ¿Cómo trata la Biblia al desierto?

- El desierto es en primer lugar un momento histórico, cuando el antiguo pueblo de Israel dejó la esclavitud del faraón de Egipto, y se adentró en el desierto del Sinaí siguiendo la promesa de ser un pueblo libre. Durante el camino este pueblo aprendió a convivir con las necesidades diarias, y con las tensiones y miedos que conllevaba el atravesar un lugar desconocido. Aquí recibió algo tan importante como los diez mandamientos, y aprendió a elegir y a respetar la vida en cuanto algo recibido de parte de Dios, pues era lo más valioso en aquel inhóspito lugar. Esta experiencia marcó al pueblo de la Biblia para siempre, de tal manera, que le ayudó a subsistir en medio de todas las crisis que a lo largo de su historia tuvo que superar y que en otras circunstancias hubieran acabado con este pequeño pueblo.

- ¿Qué simbología tiene?

- El desierto se convierte en imagen de un camino de liberación, en un lugar de paso, que implica renuncia a uno mismo, lucha contra las ilusiones, contra el miedo o contra las falsas imágenes o dioses que tendemos a hacernos según nuestros propios intereses, o los intereses del poder del momento. Si la infancia fue la salida de la esclavitud de Egipto, el desierto fue la etapa de la juventud para el pueblo de la Biblia, donde sentó las bases de su madurez.

- ¿Qué desiertos hay en el mundo o en las gentes de hoy?

- Hay desiertos interiores como el del abandono, la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la negación y del oscurecimiento de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre.

 
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