Xavier Moret (Barcelona, 1952), periodista, escritor y apasionado viajero, hace kilómetros como quien come pipas, sin parar y por puro vicio. Anteayer volvió de Creta, de hacer un reportaje; la semana próxima se marcha a Argentina por el mismo motivo; pero su próximo gran viaje será a Etiopía: «Un país que siempre me ha interesado y quiero visitar con calma». Hoy llega a Murcia para participar en La aventura de viajar, ciclo coordinado por Juan Francisco Cerezo y patrocinado por El Corte Inglés. Esta noche, a las 20.30 horas, hablará en el salón de actos del edificio Moneo sobre La magia de los baobabs, un árbol al que los africanos se refieren como el primero que los dioses pusieron en la tierra.
Atrapado por los baobabs -árboles de gran porte y de vida milenaria, «hay algunos de más de 4.000 años», apunta Moret- desde que los vio por primera vez «hace 10 años en Tanzania», quiso descubrir más: las leyendas a los que van ligados en cada poblado de África y cómo sus pobladores aprovechan todo de él: «Desde las hojas hasta la corteza, el fruto... Es un árbol muy ligado a la vida africana de cada día y esto me atrajo desde el principio».
Para este apasionado del mundo y sus gentes, que lo mismo escribe una novela que un libro de viajes, un reportaje o una especie de biografía sobre Ferrán Adriá -El mejor cocinero del mundo-, «todo viaje bueno es el que te permite conocerte a ti mismo, aunque sea en contraste con los demás» y añade que lo bueno de viajar son «las preguntas que te surgen y que te obligan a replantearte la vida».
Así, en su recorrido tras la sombra del baobab, ha descubierto «una vida muy distinta. En Europa estamos muy acomodados, somos muy dependientes del consumo, y en África la vida va más ligada al día a día, es menos materialista y más generosa. También te enseña a valorar el tiempo, que allí es más flexible y da más de sí». Allí, asegura, «el mañana casi no existe, con lo que todo ese lío de hipotecas, materialismo y consumo a ellos les suena a chino. Pero luego, a través de las parabólicas se ha pervertido todo; esto reorganiza todo el tráfico de pateras hacia aquí, donde la vida parece más maravillosa. Pero hay trampa».
-Los baobab se usan para todo: de cárcel, de bar, de parada... ¿Qué otros usos ha podido constatar?
-En Senegal los utilizan como vivienda de los trovadores, gente ligada al mundo espiritual y poético; como lugar de entierro de sus hombres ilustres, para que estén en contacto con los antepasados; de discoteca y, la más rara, como water, en Namibia. Y en Australia te enseñan uno que utilizaron como prisión en el siglo XIX. Lo más normal es usarlo de almacén.
En su recorrido tras la huella de los baobab, Xavier Moret descubrió mucha de la magia a la que está ligado este árbol, una cuestión de la que hoy hablará. Existe la creencia de que quien bebe agua que ha contenido una semilla de baobab quedará protegido contra los cocodrilos y que quien le arranque una flor morirá devorado por leones...
-Más leyendas, por favor.
-En los países animistas los brujos acostumbran a tener el baobab como árbol ritual. Y muchas mujeres paren bajo de este árbol porque así el niño será más fuerte o lo bañan en agua con corteza de baobab para asegurarse de que tendrán su fortaleza. En cada poblado te cuentan una historia.
Árbol generoso donde los haya, del baobab aprovechan todo: su tronco como habitáculo, sus fibras para tejer, su polen como pegamento... «Para los niños un polvo que hay en el fruto es la mejor golosina, o lo disuelven en leche como un colacao natural». Con las hojas hacen infusiones contra la fiebre y la malaria, o una especie de sopa. «Es un árbol muy generoso que permite a mucha gente alimentarse de él. Por eso los poblados, a menudo, se construyen alrededor de un baobab».
Pero lo que más sorprendió a este hombre de mundo fue que «como aquí en Europa tenemos las grandes referencias de castillos y catedrales, obras humanas hechas con piedras a lo largo de los siglos; allí la referencia es el baobab, una obra de la naturaleza y que siempre es una referencia en medio de la sabana. Eso te permite un cambio de chip, conocer tu parte más intuitiva, que tenemos muy olvidada y deberíamos recuperar porque nos abre muchos caminos».
-¿Se es más generoso cuanto menos se tiene?
-Probablemente ésta es otra de las lecciones del viaje.