Domingo, 5 de noviembre de 2006
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CRÍTICA DE MÚSICA / FESTIVAL DE JAZZ DE CARTAGENA
La princesa fue Dayna
La princesa fue Dayna
INAUGURACIÓN. Cassandra Wilson abrió el viernes por la noche el Festival de Jazz de Cartagena. / P. SÁNCHEZ / AGM
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Concierto: Cassandra Wilson + Dayna Kurtz (XXVI Jazz Cartagena). Formación CS: Cassandra (voz, guitarra), Norris Jones (guitarra), Gregoire Maret (armónica), Federico Pena (teclados), Rhonda Richmond (teclados), Reginald Veal (bajo) y Gene Lake (batería). Lugar: Teatro Circo de Cartagena, 3 de noviembre. Calificación: Interesante / Muy buena.

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Como moderadamente sorprendente se podría calificar la velada inaugural de la vigesimosexta edición del Jazz Cartagena, saldada con el aforo casi completo y un tanteador inesperado: Cassandra 1, Dayna 3. La música no es deporte, pero aún así la victoria de la segunda fue tan clara como inapelable. Quienes creemos en la sorpresa esperábamos un empate, pero Kurtz estuvo por encima de las expectativas -esta chica transmite emoción hasta cuando susurra- y a Wilson le falló la alineación, léase el repertorio.

Resulta plausible que una artista tan consolidada como Cassandra Wilson intente reinventarse o, quizá no tanto, evitar la repetición. Es lo que ha hecho la de Mississippi en su última entrega, pero si en disco aprueba sin holgura, en directo su nueva propuesta torna tediosa, con ese jazz un tanto progresivo y de inspiración setentera. Quizá la introducción de Federico Pena, más apropiada para unos Emerson, Lake & Palmer debió ponernos sobre aviso. Dicho de otro modo, Cassandra Wilson es grande, muy grande, cuando su voz profunda se deja mecer en las pantanosas aguas del blues y el soul más tórridos, humedos y cadenciosos, pero sólo tuvo a bien regalarnos esa grandeza en un par de temas, You move me y la inmensa despedida que fue Wichita Lineman. El resto fue como ver a Ronaldinho de pivote defensivo. Curiosa su adaptación del superhit de Cyndi Lauper Time alter time.

Previamente Dayna Kurtz, con la única compañía de su guitarra de afinación abierta y su bottle neck, había conquistado nuestro corazón, nuestro estómago, nuestro hígado y hasta nuestro aparato respiratorio, contenido para no ahogar ni un matiz de su propuesta a la vez íntima y orgullosa. Hacía tiempo que no escuchaba el espíritu de América tan nítidamente. Dayna ofreció una selección de canciones de sus tres álbumes, entre las que destacaré Venezuela y la soberbia Beautiful yesterday, pero más por aquello de citar alguna, pues su repertorio íntegro fue una auténtica delicia. Joni Mitchell y Lucinda Williams deben sentirse orgullosas de Kurtz, capaz de crear ambientes de gran intensidad con apenas unos acordes y su voz prodigiosa. No diré que canta como los ángeles porque no me imagino a éstos en un decorado con mesas de billar y tipos con tejanos y cazadora de cuero gesticulando su aprobación con la botella de cerveza en la mano. Lo de Dayna Kurtz no es country, sino folk estadounidense. O americana, si lo prefieren. De su garganta no sale voz, sino emoción pura.

 
Vocento