Eran vendidas a una red de trata de blancas por cantidades que oscilaban entre los 2.000 y los 3.000 euros. Y lo peor de todo es que, en muchos casos, eran sus propios familiares, sus novios o sus amigas íntimas las que, aprovechándose de engaños, conducían a las chicas hasta la red de prostitución. De esta forma, su destino de esclavas sexuales quedaba fijado.
Así se deduce de las declaraciones realizadas por las víctimas de la trama a los investigadores de la Guardia Civil que, con la denominada Operación Cautiva, han conseguido desarticular un grupo organizado dedicado a la explotación sexual de mujeres rumanas. Nueve personas de diferentes nacionalidades han sido detenidas como integrantes de la banda, según la Delegación del Gobierno.
Igualmente, la operación ha servidio para liberar a 13 mujeres que se encontraban retenidas contra su voluntad, al tiempo que se ha intervenido numerosa documentación relativa a la red.
El proxeneta o jefe del grupo organizado mantenía contactos directos con otras personas en Rumania, dedicados a captar mujeres a las que mediante engaño, se les ofrecía venir a España a trabajar. Una vez que las chicas venían a España, el grupo rumano percibía grandes cantidades de dinero.
Más tarde, y para abortar los intentos de huida de las chicas, la organización les retiraba todas sus pertenencias y la documentación personal, obligándolas a ejercer la prostitución mediante coacciones y amenazas contra ellas y sus familiares en Rumania.
Durante años, las mujeres, todas ellas de edades comprendidas entre los 20 y los 23 años, dependían totalmente de la trama, incluso para comer y vestir, ya que debían entregar toda la recaudación conseguida mediante contactos sexuales. Les prometían que un día serían libres y sólo trabajarían para ellas.