Dieciocho meses es el plazo que los arquitectos del proyecto In situ, elegido ganador el concurso de ideas para la regeneración de la bahía de Portmán, calculan que se necesitará para liberar este espacio de 1,2 millones de metros cúbicos de estériles. Si se cumplen las promesas del Ministerio de Medio Ambiente, que afirma que las obras deben arrancar antes de que finalice este año, para finales del 2008 los lodos que el lavadero Roberto arrojó durante décadas serán un recuerdo.
El equipo de arquitectos afirma que su anteproyecto «está listo para pasar hoy mismo la Declaración de Impacto Ambiental», como señalaba Manuel Clavel, portavoz oficioso de las 40 personas que han aportado ideas y esfuerzo «para algo que aún debe concretarse, pero que está muy avanzado». Clavel cree que en «dos o tres meses» las ideas para los edificios «pueden ser llevadas ya a plano», con lo que las obras -tras los trámites pertinentes- podrían iniciarse.
Según Clavel, el plazo final hasta que la marina de 700 amarres y los edificios hoteleros entren en servicio puede ser de cuatro años desde el inicio de las obras.
Trabajos 'en seco'
Como todo camino largo, la regeneración arrancará con un primer paso. En este caso será la construcción de un dique que separará los estériles del mar. Así se logrará por una parte frenar la contaminación de las aguas y por otro poder comenzar los trabajos de dragado en seco. El proyecto para el dique ya está elaborado por el Ministerio de Medio Ambiente y una vez erigido, los estériles serían trasladados en camiones herméticamente cerrados para su descarga en los entornos de la bahía, donde serán inertizados y conformarán una orografía propia sobre la que se asentará flora autóctona.
«No va a haber ningún peligro para la salud porque ni un solo gramo de lodos va a sarlir del entorno de la bahía. Los vecinos de Portmán no van a tener que sufrir el paso de miles de camiones cargados de lodos», explica Pablo García, otro de los arquitectos del proyecto ganador.
La profundidad del dragado a realizar en la marina no superará los cuatro metros, un calado suficiente para la gran mayoría de las embarcaciones de recreo, aunque podría ampliarse en la bocana y otras zonas para dar cabida a barcos mayores como superyates.
Los edificios de la marina -club náutico, zonas comerciales y de restauración, entre otros- serán un ejemplo de sostenibilidad, ya que incorporarán placas de energía solar, «pero integradas para que no supongan un problema paisajístico», explica Carlos Abadía. Los techos se convertirán en nuevas zonas verdes accesibles para los peatones y estarán cubiertas de vegetación, una atalaya excepcional para contemplar al fondo, sin obstáculos, la playa recuperada de Portmán.