Los malos hábitos de su marido y la pésima gestión del negocio por parte de éste llevó a la ruina a Adoración, una vecina de la pedanía de Puente Tocinos. «Yo tenía mi trabajo y no me preocupaba por su negocio, pero yo firmaba en todo y figuraba en todas partes», recuerda esta mujer de 51 años, quien después de estar trabajando desde los 12 años se encuentra en la ruina.
Hace 11 años que se separó y en septiembre de 2005 tuvo que presentar ante el Juzgado de lo Mercantil de Murcia la solicitud de un concurso voluntario tras recibir numerosas cartas de embargo por los impagos de su ex marido.
«Me reclaman dinero de la Seguridad Social, los proveedores del negocio, Hacienda,...», añade Adoración. Esta vecina de Puente Tocinos, que actualmente trabaja como comercial para una empresa de distribución de textil, se acogió ya tarde al procedimiento concursal. «Mi casa se la quedó un proveedor. Tengo parte de la nómina embargada y vivo con mis padres», relata. Sin embargo ha encontrado parte de la solución a sus problemas económicos en este modelo permitido por la Ley Concursal.