El botelleo multitudinario junto al campamento festero de Carthagineses y Romanos no sólo dejó 30 toneladas de basura en diez días en la calle Luis Calandre y la rambla de Benipila, como ha calculado Lhicarsa, la empresa concesionaria del servicio de limpieza en Cartagena.
Además, ha indignado a los dueños de bares y locales de copas de la ciudad, que han echado cuentas y afirman que han perdido dinero porque la gente, sobre todo los jóvenes, alentados por el Ayuntamiento de Cartagena ha cambiado las barras de sus negocios por el consumo de alcohol en la calle (fundamentalmente, porque sale más barato).
El malestar por estas pérdidas ha llevado a muchos propietarios de estos establecimientos a pedir una reunión para abordar este problema a la presidenta de la Asociación de Empresarios de Hostelería de Cartagena y Comarca (Hostecar), Francisca Naranjo.
«Ni el Ayuntamiento, ni la Comunidad Autónoma ni ninguna administración han tomado medidas para aplicar las normas contra el botelleo, que ha sido indiscriminado. ¿Cómo es posible que el propio concejal de Policía [Pedro Martínez Stutz] aconsejara a la gente a hacer botelleo en la zona de la rambla? La administración es la primera que debería cumplir para que todo el mundo cumpla», criticó ayer Naranjo.
Controles de tráfico
La representante de los hosteleros ha echado en falta cuatro actuaciones básicas para frenar el botelleo: impedir la venta de alcohol en gasolineras y tiendas 24 horas a partir de las diez de la noche; hacer controles de alcoholemia a los conductores de vehículos en las calles cercanas a la Rambla; convocar la Mesa del Botelleo, que hace unos años se reunía para intentar acordar medidas para reducirlo; y multas por incumplir la ordenanza.
Naranjo advirtió de que sólo se ocupará de los problemas de los empresarios asociados a Hostecar, pero relató una de las quejas que le han llegado sobre el funcionamiento de las casetas del campamento instalado junto al estadio Cartagonova: «Como la gente ya venía cargada del botelleo, casi no consumía [alcohol] en las casetas. Sin embargo, sí traían peleas, problemas y follones».