La farmacia de Carlos Fernández, en el barrio San Antonio de Molina, no ha dudado en aplicar un concepto innovador en su botica para combatir un problema de la sociedad moderna, la falta de tiempo, tanto para el que compra como para el que vende.
El farmacéutico ha entendido que sus clientes necesitan un trato personalizado con los auxiliares que despachan los medicamentos y por ello ha incorporado una máquina robot de grandes dimensiones que se utiliza para almacenar y servir los mismos. Se trata del robot Rowa, el primero que existe en la Región y uno de los 14 que funcionan en España. «Tecnológicamente es una maravilla, fuera de serie», explica con admiración Carlos Fernández.
La máquina se encarga de gestionar en su interior todos los medicamentos - hasta 14.000 unidades-, según la selección y suministro que hace uno de los empleados, dedicando sólo una hora diaria a esta labor. «Antes se perdía mucho más tiempo», explica el farmacéutico de San Antonio.
Mediante un brazo mecánico, el robot coloca cada caja en el estante correspondiente y, cuando es requerido, lo suministra a las auxiliares a través de las cinco ventanas de salida hacia los mostradores que hay en la botica. Tan sólo tarda entre 6 y 12 segundos en llegar al mostrador desde que la auxiliar hace el pedido en su ordenador.
El robot tiene en su interior dos ordenadores, además del brazo mecánico, que están unidos al programa informático de la farmacia. Otros ordenadores interpretan y pasan los datos. Con todo ello se consigue «que no se hagan colas y que haya más confidencialidad con el cliente», explica Fernández.
Lo que para otros podría suponer un ahorro en mano de obra, este farmacéutico entiende que el invento propicia otros beneficios, sobre todo la mayor atención a sus clientes que, desde que se puso en marcha el verano pasado, se sienten más cómodos y agradecidos con el trato dispensado. Por ello sigue contando con siete empleados. Además, la inversión se amortiza en diez años, aunque Fernández echa en falta ayudas a fondo perdido de la Administración, como sucede en otras provincias.
Dualidad
Pero el planteamiento de Fernández ha ido más allá. Además del robot Rowa, ha incorporado a su botica un concepto fresco y diferente al de la farmacia actual, desde el diseño del local hasta los nuevos servicios que ofrece, como análisis de control para diabéticos, homeopatía, un espacio de belleza y la comunicación a través de pantallas informativas y educativas que existen en cada mostrador, entre otros.
La farmacia, que también dispone de ortopedia, está dividida en diversos espacios, flexibles, claros y orientados a la vista de los clientes. Existe una colección de arte de Miguel Llamas que, bajo el nombre de Dualidad, representa lo estridente y lo antiguo frente a lo bello y lo nuevo.