Juan Antonio Roca ha declarado al juez del caso Malaya que el patrimonio que le atribuyen es de unos «amiguetes». Quienes, en el día a día, llevaban la gestión de las empresas que el antiguo trabajador de la Bazán y luego asesor urbanístico en Marbella usó supuestamente para adquirir fincas en Cartagena han dejado un rastro de cruce de palabras, choques y ruptura de relaciones comerciales con encargados y trabajadores de varias empresas locales. Sus sociedades les contrataban el suministro de equipos de riego, desalación, abonos o fertilizantes para las fincas. Y, según recuerdan algunos que lo sufrieron, los «hombres de Roca» se manejaban con un «prepotencia, una chulería y unos malos modos increíbles».