Podemos tragicómico

Urralburu rompe la baraja y comete un error al huir de un pacto que se habría enriquecido con las propuestas de su partido

Manuel Buitrago
MANUEL BUITRAGO

Era del todo previsible que Podemos se descolgara de un posible acuerdo en un asunto tan relevante para la Región de Murcia como el agua. Las razones esgrimidas por María Giménez y Óscar Urralburu no se sostienen en esta primera cita frustrada, y solo hay que entenderlas en un contexto político y algo teatral, como es huir de una foto alrededor de una mesa de negociación con los demás grupos parlamentarios, en especial del PP. Es una pena, ya que las propuestas de Podemos habrían enriquecido ese pacto tan necesario para la Región. Y no porque vaya a solucionar de un plumazo el déficit galopante de estas tierras, sino porque podía ser el embrión y el marco de referencia que facilitara un entendimiento a nivel nacional. Ahí es nada.

Sin embargo, era inevitable que se juntara el hambre con las ganas de comer: por un lado, Podemos antepone sus intereses a los problemas de la ciudadanía; y por añadidura, no acepta otros postulados que no sean los de Pedro Arrojo, que es quien marca las directrices con el catecismo de la Nueva Cultura del Agua. Recientemente dio muestras de su credo rechazando en el Congreso el decreto de ayudas por la sequía; y aprovechó la ocasión para arremeter contra el Trasvase Tajo-Segura y las cesiones de derechos. No se entiende que Podemos, que cuenta en Murcia con personas que pueden añadir valor a ese pacto, vaya a someterse a un mentor tan dogmático.

Como poseedor de las verdades absolutas, Podemos pertenece a la escuela de que 'o aceptas lo que yo digo, o rompo la baraja'. Algo habitual en algunos colectivos medioambientalistas. En este caso, ni siquiera ha tenido la consideración de asistir a la primera reunión conjunta, de la que desertó la noche antes. Presentó unas excusas de cara a la galería que eclipsan muchas de sus propuestas, perfectamente asumibles, como apostar por la desalación con energías renovables y con una tarifa del agua asequible. Si excluye los trasvases, que lo diga y que se debata. Como también se debe analizar el impacto de la desalación y su brutal consumo energético (hoy por hoy) . Siguiendo con las medidas de Podemos, nadie se puede oponer a que se persiga a los especuladores del agua y los regadíos ilegales. Que se haga una auditoría en cada palmo de terreno si es necesario. Lo mismo se llevan una sorpresa. Pero eso no implica que haya que cubrir con un manto de sospecha a toda la cuenca del Segura. Ya hubo una caza de brujas en el año 2004 por parte de una brigada 'ad hoc', denigrando sin piedad el uso del agua en Murcia solo para justificar la derogación del Trasvase del Ebro.

Podemos se enreda en una defensa de los agricultores, a los que divide intuitivamente entre buenos y malos. De este pozo de agua saca pocos votos. Todos los partidos tienen un lío con el agua según sus intereses territoriales y sus clientelismos, y Podemos no es la excepción.

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