Pocas balas en la recámara

Un cazador y su perro, en la apertura de la veda. /LVGráfico
Un cazador y su perro, en la apertura de la veda. / LV

El «sociocentrismo urbano» y la caída del relevo generacional amenazan el futuro de la caza. La actividad cinegética «se mantendrá» en el tiempo, pese a todo, por ser necesaria para la «gestión ambiental», coinciden varios expertos

Daniel Vidal
DANIEL VIDALMurcia

Juan Luis Sierra es uno de los pocos cazadores jóvenes que hay en una sociedad murciana «cada vez más urbana». Ciezano de 30 años, excelente tirador desde los 14, también es licenciado en Ciencias Ambientales, aunque admite que ese amor llegó gracias al primero. Es decir, la caza le llevó a enamorarse de la naturaleza. «Soy ambientólogo porque antes era cazador», reconoce. También tiene muy claro que el día que más ha llorado en toda su vida «fue cuando murió mi perra 'Fuca'», con la que empezó a practicar la caza menor. La caza, quizá la única actividad desarrollada por el ser humano desde la prehistoria que se sigue manteniendo a día de hoy, ha llegado en pleno siglo XXI a una de sus mayores encrucijadas. Una «injusta criminalización» desde ciertos sectores sociales, según el presidente de la Federación de Caza de la Región de Murcia, Manuel Cava; el progresivo abandono del medio rural y, sobre todo, «la falta de relevo generacional», coinciden diferentes expertos, amenazan seriamente el futuro inmediato de una práctica que «se ha mantenido a lo largo de la historia por condensar una serie de significados que van desde lo instintivo a lo emocional, lo recreativo, lo medioambiental o lo representativo, por citar solo algunos», señala el doctor en Antropología Social por la Universidad de Murcia (UMU) Roberto Sánchez Garrido.

Según Sánchez Garrido, «el componente inmaterial que rodea la caza, por ejemplo en la transmisión de conocimientos, vocabulario, costumbres, ritos, aprehensión y modificación del entorno, modalidades de caza, etc., amplían los significados cinegéticos y hacen de la actividad un complejo cultural muy interesante».

A pesar de todo, ese interés no parece transmitirse a las nuevas generaciones, al menos de forma generalizada. Según los datos facilitados por la Consejería de Turismo, Cultura y Medio Ambiente, casi tres de cada cuatro cazadores de la Región son mayores de 50 años, y el 40% tienen más de 65. Por el contrario, poco más del 5% del total de aficionados están por debajo de los 30 y los cazadores entre 14 y 20 años no llegan al 1% del total. «Este es precisamente uno de los mayores problemas de cara al futuro», explica Manuel Cava, que lamenta la pérdida de contacto de la gente joven con el entorno natural y el progresivo abandono del medio rural.

No es solo identidad

Esa pérdida de contacto se traduce, por poner solo un ejemplo, en la reducción progresiva del número de licencias de caza existentes en la Región. De las 25.813 del año 1.998 se ha pasado a las 21.583 de 2017, según la información facilitada por la Consejería, lo que supone una caída de más del 16% en estas dos décadas. En los últimos 20 años también se ha reducido tanto el número de cotos en la Región (de 1.371 a 1.166) como la superficie destinada a los mismos (de 753.730 hectáreas a 711.078). Pese a todo, la repercusión económica de la actividad en la Región es de unos 30 millones de euros anuales. Más de 3.600 millones al año en toda España. «La caza tiene una vertiente de tradición, de sociabilidad, de representación, de herencia, de identidad... pero también de impacto económico y de repercusión medioambiental», subraya Sánchez Garrido.

Lo que también está claro es que, además, la caza va ligada de un tiempo a esta parte a la polémica, a un debate interminable que gira incluso en torno a una sola especie, como ocurre en la Región con el arruí. Según Sánchez Garrido, la polémica está asociada a «la imagen estereotipada de la caza y del cazador desde un prisma negativo, al desapego con el entorno rural y al sociocentrismo urbano, y también al hecho de considerar el fin de la caza como 'muerte animal' y del cazador como 'matador'. Es un tema donde los discursos se enquistan en posicionamientos a veces demasiados extremos que no analizan en su globalidad la actividad cinegética», observa.

Incluso en los propios movimientos ecologistas hay debate y posturas diversas, como reconoce el portavoz de Ecologistas en Acción en Murcia, Pedro Luengo. Él se muestra «en contra de la caza» por no ser «algo necesario», aunque admite que en la asociación hay «posiciones intermedias». Luengo prohibiría la actividad, pero es consciente de que difícilmente llegará a extinguirse, y reconoce que lo que «más urge es reducir al mínimo el impacto al medio ambiente a través de la correspondiente regulación normativa». Arremete Luengo contra prácticas «ilegales» como la suelta de especies invasoras o la excesiva presión de los cazadores sobre los predadores, aunque evita generalizar y reconoce que «siempre hay gente más razonable y respetuosa que otra».

En este sentido, un agente medioambiental de la Región, que evita revelar su identidad, asegura que el cazador que no respeta las normas «no es cazador, es otra cosa», y afirma que «la caza es buena para la sostenibilidad, ahora que se nos llena tanto la boca con esta palabra». En este punto coinciden la mayoría de fuentes consultadas por 'La Verdad'. También indica este funcionario que dejar de practicar esta actividad supondría «un enorme problema de gestión que derivaría en la necesidad de contratar empresas y personal para controlar las poblaciones de determinados animales, por poner solo un ejemplo», y pide «no politizar la caza». Según Juan Luis Sierra, que coincide con este agente y con Manuel Cava en que «cazar no es solo matar», abandonar esta práctica que se hunde en la memoria de los tiempos supondría también «problemas graves para la agricultura y hasta para la seguridad vial, como ya ha llegado a ocurrir, además del impacto en la economía y en el medio rural».

De hecho, y tal y como asegura Roberto Sánchez Garrido, «el cese de la actividad no solo tendría impacto en pueblos y zonas rurales, también sobre ecosistemas particulares que en pocos años obligarían a volver a cazar de forma selectiva, derivado de una superpoblación insostenible y unos efectos negativos para el resto de actividades que comparten territorio con la caza. Esto tal vez sea desconocido desde una perspectiva urbana, pero es de sobra conocido en zonas rurales».

«El colectivo está envejeciendo y el relevo generacional cada vez es menor, pero la caza sigue teniendo una fuerte raigambre». Roberto Sánchez Garrido - Doctor en Antropología Social por la Universidad de Murcia

«Sufrimos una criminalización injusta; cazar no es solo matar, es un buen método de gestión sostenible del medio ambiente». Manuel Cava - Presidente de la Federación de la Caza de la Región de Murcia

«Me hice ambientólogo porque antes era cazador; el cese de la actividad supondría problemas para la agricultura, la seguridad vial, la economía, el medio rural...». Juan Luis Sierra Cazador y Licenciado en Ciencias Ambientales

«La práctica cinegética debería convertirse en una herramienta de gestión medioambiental, pero en la Región estamos lejos de eso». Pedro García - Portavoz de ANSE

Pedro García, director de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), asegura por su parte que la caza debe evolucionar hacia «una herramienta asociada a la gestión ambiental y al manejo de especies más que como una práctica deportiva». Eso sí, cree que la «forma en la que se ejerce la actividad en la Región está lejos de eso, sin criterios razonables, sin el conocimiento adecuado de algunas especies y dejándose llevar las administraciones por las presiones del sector». Concede sin embargo García que en los últimos años se está produciendo «una cierta evolución» en la práctica cinegética, en parte gracias a que «la sociedad está cambiando».

«Auténticas matanzas»

La murciana Silvia Barquero, presidenta nacional del Partido Animalista Contra el Maltrato Animal (Pacma), también cree que la sociedad española está evolucionando, que cada vez somos «más europeos», y que las nuevas generaciones cada vez están más concienciadas «sobre el bienestar de los animales». Pero su postura es mucho más contundente en contra de la caza, actividad que llega a comparar con la tauromaquia. «Son completamente prescindibles; están basadas en una inaceptable violencia hacia los animales. El supuesto deporte de la caza acaba a tiros con más de veinte millones de animales cada año en nuestro país» -más de 185.000 en la Región en la temporada 2016/2017, según los datos de la Consejería, unos datos que se obtienen a partir de las fichas que presentan los cotos anualmente con los resultados de la temporada anterior de caza-. Asimismo, asegura Barquero que la práctica cinegética «impide en muchas ocasiones que las personas disfrutemos de la naturaleza de manera pacífica, haciendo senderismo, ciclismo o recogiendo setas», alega.

Las posturas políticas

PP
«Apoyamos a los cazadores». El diputado regional del PP Jesús Cano asegura que su partido «apoya las reivindicaciones de los cazadores, que son grandes dinamizadores de la actividad económica y de empleo en zonas rurales. Se debe dejar de atacar a este gremio, que tiene un absoluto respeto por la naturaleza y su conservación».
Ciudadanos
«Respaldo al sector cinegético». Según el portavoz de Cs en la Región, Miguel Sánchez, «respaldamos la actividad por su contribución al mundo rural, siempre que se practique de manera sostenible y respetando la regulación establecida. Somos partidarios de regular la caza en España».
Podemos
«Apostamos por un modelo sostenible». Podemos Región de Murcia «no se sitúa en una postura prohibicionista de la caza y la pesca deportiva», según fuentes del partido, sino que apuestan por un modelo social de «gestión sostenible, regulado y sometido a controles, primando los ambientales».
PSRM-PSOE
Evitó pronunciarse al no tener «una postura general sobre la caza».

En su opinión, y a diferencia de las muchas posiciones a favor de la caza como herramienta de control de las poblaciones de animales -la propia ley de Caza indica que el objeto de la actividad es la conservación de las especies, de hecho-, los cazadores no son garantes de la sostenibilidad, «sino todo lo contrario. Son los cazadores los que han acabado con muchas especies de animales, desequilibrando los ecosistemas. Es lo que está sucediendo con el lobo ibérico, uno de los principales depredadores de nuestra península, al que los cazadores han llevado al borde de la extinción», critica. Denuncia Silvia Barquero, además, que «España sigue siendo el país que reflejaba Luis García Berlanga en la película 'La escopeta nacional'», y asegura que «no hay nada de ético en las cacerías que se realizan en fincas privadas en las que empresarios, banqueros y jueces se hacen la foto con todos los animales que han matado a sus pies. Son auténticas matanzas sin sentido», define la presidenta de Pacma. «La caza debería formar parte del pasado», zanja.

«Fenómeno sociocultural»

A pesar de las aspiraciones de los animalistas, «la caza se mantendrá» en el futuro, aunque «otra cosa es el número de personas que la practicará», según Sánchez Garrido. Tal y como afirma el doctor en Antropología Social, «es cierto que el colectivo de cazadores está envejeciendo y que el relevo generacional es menor, pero si hacemos trabajo de campo vemos que la actividad sigue teniendo una fuerte raigambre». Sánchez Garrido asegura además que la caza «hay que entenderla en su complejidad y como un fenómeno sociocultural que abarca distintos aspectos relacionados. No podemos valorar únicamente la caza en su vertiente de ocio o en su aspecto económico. Hay que atender al carácter histórico, existencial y emocional, así como su relación directa con el entorno rural y su importancia medioambiental. Entendida como una práctica regulada y ejercida de forma respetuosa con el entorno y con la normativa (algo que, por mi experiencia de trabajo de campo, es lo habitual entre los cazadores), la caza es ecológicamente sostenible y necesaria para la gestión medioambiental».

Manuel Cava coincide al asegurar que «la caza es una herramienta de gestión sostenible de nuestros espacios mediterráneos, generando unos beneficios sobre la biodiversidad que pocas veces es valorada como se debe. El mantenimiento de puntos de agua, su recuperación, mejora o incluso la creación de nuevos puntos, así como la implementación de áreas de cultivo en zonas de escasa relevancia agrícola, hacen que la actividad cinegética sea una de las pocas que sigue apostando por nuestros espacios naturales y sobre todo por unos mosaicos paisajísticos heterogéneos donde los ecosistemas agroforestales son idóneos para el correcto desarrollo de las especies». Según Cava, este es el objetivo principal del cazador, que también ejerce «labores de vigilancia en los montes, de dinamización turística, de motor económico y de actividad social y deportiva, convirtiendo la caza en una forma de vida saludable, responsable y concienciada con la sostenibilidad de los recursos y los espacios naturales».

Esta es quizá una versión extendida del resumen que hizo el filósofo José Ortega y Gasset, quien aseguró que «la caza es todo lo que se hace antes y después de la muerte del animal». Mucha vida para contemplar por la mirilla.

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