La Verdad

Floración de Cieza | Cinco altos para una experiencia sensorial

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El verde de unas sanas paleras constrasta con el rosa intenso de la floración. / G. CARRIÓN / AGM

  • De mirador en mirador para retener las mejores vistas de la primavera en la localidad

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Antes de que el Valle del Jerte se convierta en el lugar de peregrinación para celebrar el hanami español y después de que los blancos algodonosos de los almendros hayan cedido el paso a los brotes tiernos de sus cotizados frutos y las hojas que los nutrirán, la primavera despierta en Cieza con la llegada de la floración de los frutales. Ocho mil hectáreas de plantación con el melocotón como rey, pero en el que no falta su corte: ciruela, nectarina, paraguayo y platerina, la última variedad frutal que se ha sumado a la fiesta de los sentidos que vive este mes la huerta ciezana.

Como una colcha de 'patchwork' a la que cada nueva generación de una misma familia suma un retal de distinto color, textura y estampado, la alfombra multicolor de la floración ciezana se exhibe ante el visitante, dispar y cambiante. Se rebela y se niega a uniformarse, a ceder a la dictadura de las modas, cada parcela es un cuadro que se pinta a su tiempo, una 'performance' cuya transformación solo se pliega a los efectos de la temperatura y al paso del tiempo.

Sus ojos acariciarán el refrescante verde de las parcelas en las que ya cuajaron las yemas de las variedades más tempranas; descansarán sobre el suave colorido de las ramas cuajadas de rosas, que van del blanco roto de las ciruelas al rosa casi rojo de las nectarinas, pasando por rosas desmayados y rosas chicle de melocotones, nectarinas, paraguayos y platerinas; y se detendrán en los marrones esqueletos de los frutales más remolones, los que se resisten a darse por enterados de que ya ha llegado la primavera y que el despertar de la vida llama de nuevo a la puerta de la naturaleza.

La apuesta decidida de los ciezanos por convertir este espectáculo sensorial en símbolo de su tierra, además de fuente imprescindible de recursos, y de hacer de su principal sector productivo un acicate para el turismo, ha ensanchado y estirado la programación cultural, deportiva, musical y gastronómica para regalar todos y cada uno de los sentidos del visitante.

Acompañados por uno de los ciezanos que más pasea y mejor exhibe la floración del melocotón, José Antonio Gázquez, de Stipa, nos acercamos a cinco miradores desde los que disfrutar, haciendo un alto en el camino, de cinco de las mejores panorámicas a la exuberante huerta.

La primera parada es La Corredera, en las inmediaciones de la vía del tren y a un paso de la N-301 y la autovía a Madrid, que en este tramo discurren paralelas y que, siguiendo la carretera B-19 hacia Calasparra les conduce allí. Súbanse al cerro que hay junto a la carretera y hagan el primer alto.

Siguiendo la carretera que discurre paralela a la vía del tren, llegarán al apeadero de La Macetúa, una estación utilizada tradicionalmente por los trabajadores del campo de Cabezo Gordo, La Parra y La Carrichosa para desplazarse a Cieza y que hoy se deshace como un azucarillo en el agua por el paso del tiempo y el abandono. Paren frente a ella y asciendan a la loma, desde la que disfrutarán a sus pies del espectáculo primaveral, pero también de la Sierra de la Cabeza del Asno y de la del Puerto (tras La Macetúa); y, mirando al Sur, de El Almorchón, la grieta que dibuja el Cañón de Almadenes, tras el que se levanta la Sierra de la Palera y la del Molino, de la Sierra del Oro con la Peña del Águila al frente; y, a su izquierda (al Este), la histórica Atalaya.

Junto a la antigua escuela del paraje del Soto de la Zarzuela, otro altozano les permitirá gozar de una zona de floración más tardía y más próxima a la ribera del Segura. Allí encontramos a una cuadrilla de mujeres aclareando a mano y sobre perigallos los árboles y, a su paso, los árboles pierden parte de su tupida flor y los suelos se alfombran de delicados pétalos rosáceos.

El Alto de la Parra, en la margen derecha del río y casi enfrente, es la cuarta parada en el camino para disfrutar los campos floridos antes de que el tiempo de esta ceremonia natural caduque.

El paraje del Olmico, entre El Acho, Loma Blanca y El Gurugú es el último mirador programado para fotografiar este efímero momento, en constante transformación hasta finales de marzo.

No obstante, no pueden irse de la zona sin internarse entre los pasillos vegetales, para gozar del detalle y apreciar la belleza de las varas en flor. Para ello, el programa es variado: 'floración experience' les permite pasear entre los árboles y visitar el centro de interpretación del Melocotón, sin saltarse el almuerzo campero, recorrer las norias de Abarán y subir al Mirador del Alto Bayna en Blanca, acercarse al Azud y recorrer la tradicional huerta de Ojós; rutas senderistas interpretadas; pasar de la aventura del rafting a la calma de los paisajes en flor; compartir en grupo rutas con sabor; subirse a un globo, a un trenecito o hasta hacer el pino para admirar el momento desde cualquier perspectiva.

Y ya que están, no pierdan la oportunidad de saborear la gastronomía local: once restaurantes y cuatro heladerías y confiterías han preparado menús especiales para todos los gustos y bolsillos, que se pueden probar los fines de semana. Conciertos, competiciones deportivas de 'running', piragüismo y bicicleta de montaña; feria gastronómica con talleres, 'showcooking', ponencias, catas,...; desfiles de moda, danzas, exposiciones, mercadillos artesanales. Todo un universo al servicio de la floración.

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