La Verdad

Por Los Arcos a Los Algarrobos

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Pista forestal de Los Algarrobos, con el Morrón Redondo al fondo y, bajo él, las Casas de los Algarrobos. / Guillermo Carrión / AGM

  • Una vuelta entre morrones y siguiendo el trazado del agua, entre cultivos y caseríos en desuso del Sur de Sierra Espuña

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En el extremo Sur del Parque Regional de Sierra Espuña, entre las localidades de Totana y Aledo, se extienden antiguas tierras de cultivo, hoy muchas de ellas abandonadas, que están salpicadas de viejos caseríos, algunos de ellos en ruinas, otros parcialmente utilizados y, los menos, todavía en pleno uso.

El paseo de hoy, circular, suma poco más de 5 kilómetros si se inicia desde la puerta que impide el acceso de vehículos de motor al camino forestal de Los Algarrobos, cerca de 8 si comienzan el recorrido en la Casa Forestal de Mortí. En este primer tramo, entre fincas habitadas y llenas de vida, pueden ver estos días -si no tardan mucho en acercarse- los almendros cuajados de flores, ese estallido algodonoso que reviste de fiesta el campo -lo mismo ocurre en la subida, por la carretera, hasta el punto de salida-

Se sigue la pista forestal, paralela al curso de la rambla de Los Arcos, que nace a las faldas del cerro de la Cuna. El camino, ascendente, les conduce bajo Los Colorados, primero con el Morrón Largo (906 m.), la montaña más alta junto a las que pasearán, al frente y, luego, a su izquierda.

La amplia pista forestal quiebra a la derecha y continúa en sentido ascendente hacia la zona de Los Algarrobos. Encontrarán, a unos 2 kilómetros de la puerta verde inicial, una bifurcación a la derecha que desciende hasta el lecho de la rambla y vuelve a ascender hacia las Casas de los Algarrobos. Nosotros seguimos por la pista, bordeando el Morrón Largo y admirando las antiguas terrazas, algunas fruto del cultivo de estas tierras en las que siguen sobreviviendo almendros, algarrobos y otros frutales, y otras obra de las antiguas labores de reforestación. Así, pinadas y cultivos conviven facilitando alimento a la fauna de la zona.

Con un giro de 90 grados a la derecha, la pista les sitúa bajo el Morrón Redondo (831 m.), una rocosa elevación cuyo perfil destaca entre los suaves cerros circundantes. Pasarán junto a las Casas de los Algarrobos, un buen punto para detenerse a admirar el paisaje, en el que se ocultan -lo sabrán si están en silencio y atentos a los sonidos de la naturaleza- numerosas perdices; no en vano, esta zona es 'Coto Regional de Caza', según advierte algún cartel. Así que, eviten el peligro permaneciendo sobre la pista.

En estas tierras, la primavera ha alcanzado todo su esplendor, se puede ver en los romeros cuajados de flores lilas y también en los bulbos silvestres que ya han brotado y, algunos, hasta han empezado a florecer.

Precisamente junto a esta casa, en la que su propietario cultiva naranjos y hortalizas, y en la que se prodigan las colmenas de abejas, una balsa antigua recoge el agua de la Fuente del Algarrobo, que vierte a la rambla de Los Arcos después de alimentar un, también antiguo, abrevadero para el ganado. Esa misma agua es la que aprovecha el propietario de esta finca para regar sus campos.

Sigan por la pista y, a unos 200 metros, deberán desviarse hacia la derecha por otro camino, mucho menos marcado, que les llevará, ahora en descenso, hasta la rambla por la que realizarán todo el camino de vuelta. No obstante, si desean prolongar unos cuantos kilómetros más la caminata, pueden seguir la pista principal, que les sube hasta casi la cima del Morrón Redondo (3,5 km. más, ida y vuelta, aprox.), desde donde podrán disfrutar de una magnífica panorámica del valle que ha dibujado la rambla de los Arcos.

Si con el itinerario propuesto inicialmente tienen suficiente, el camino les baja (hacia el Oeste) al lecho de un ramblizo que desemboca en la de Los Arcos.

Ya por la umbría, el camino se transforma en senda y encontrarán en su recorrido las huellas de los jabalíes, que hozan las tierras más húmedas en busca de comida y que aprovechan las pequeñas pozas con fondos arenosos para realizar su aseo diario.

A partir de aquí, deberán ir sorteando pequeños y medianos desniveles que ha creado el discurrir del agua saltando o buscando una alternativa más progresiva en los márgenes del cauce, pero sin salir de él. El lecho pétreo, pulido por el paso del agua, ha dado origen también a pequeñas balsas que los animales aprovechan para beber, como demuestran sus huellas, aunque, a estas alturas, están prácticamente todas secas. Mientras regresan al punto de inicio de la ruta, bajo la frondosa vegetación y los altos pinos, podrán comprobar que estos ramblizos y ramblas albergaron importantes caudales. No tienen más que observar sus taludes para constatar que enseñan estratos de arrastres aluviales, algunos compuestos de piedras de considerable tamaño.

Aproximadamente un kilómetro y medio después de haber iniciado el descenso por el cauce, encontrarán un vallado cinegético, salgan de la rambla por la margen derecha y sigan el vallado por un sendero empinado que sube hasta la pista por la que iniciaron el recorrido y que les deja a unos pasos de la puerta verde. Ya solo tienen que desandar sus primeros pasos.