La Verdad

Excursión a la Fiesta del Rebuzno

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Un vecino de Las Balsicas rebuzna a una visitante. / J.M.Rodríguez / AGM

  • Disfruten de la burlesca y singular tradición de Las Balsicas, después de visitar la Fuente de la Alameda

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Como manda el refranero español, 'hasta San Antón, Pascuas son'. Y qué mejor que el fin de semana más próximo a la onomástica del patrón de los animales para homenajear al burro, animal que siempre ha contribuido a facilitar la vida a los humanos realizando los trabajos más pesados. Precisamente en una de estas tareas, la de ser 'bestia de carga', se sustenta una de las fiestas más peculiares del territorio regional, la Fiesta del Rebuzno de Las Balsicas (Mazarrón), que tuvo que aplazarse hace unas semanas por la climatología adversa.

En torno a la Ermita de la Purísima Concepción del diminuto núcleo rural mazarronero, en el valle del Mingrano, se celebra el domingo esta festividad, que tradicionalmente se organiza el domingo posterior al Día de los Inocentes. El origen de la fiesta se remonta casi 240 años, cuando se construyó la citada ermita, a finales del siglo XVIII, y, para hacerlo, los feligreses emplearon una recua de burros que transportara el material hasta lo alto de la colina donde se iba a levantar.

Cuenta la 'leyenda' que, al terminar la construcción, los vecinos celebraron una fiesta y los burros, agotados, sestearon bajo una pinada. Todos menos uno, que retozaba y rebuznaba sin parar.

Tanta gracia les hizo a los mozos, que lo empezaron a imitar. Así, año tras año, seguían recordando la anécdota y repetían la situación. De ahí nació esta fiesta que, salvo paréntesis temporales -la Guerra Civil y los años 90-, siempre se ha celebrado. Un acontecimiento en el que los vecinos recaudan fondos para el mantenimiento de la ermita.

Así que, si están listos para dejarse rebuznar, trasquilar, herrar y hasta sacar una muela y cocear, preparen monedas para sumarse a esta burlesca celebración y llenen la cartera. Tendrán que pagar unas monedas para entrar y, luego, pujar si quieren evitar que Bartolo 'El Tabilla' y Paco 'el Ministro' les dediquen sus rebuznos más bestias al oído. Todo esto será tras la misa, que da comienzo a las 13.30 h., así que antes de sumarse a esta antigua tradición, que se suele zanjar con una paella gigante, les propongo que hagan camino al andar.

Es una ruta de unos 6,5 kilómetros que les llevará hasta la Fuente de La Alameda. La ruta parte de la curva que dibuja la rambla de Los Lorentes, justo en la cara norte de la colina sobre la que se erige la ermita. Dejarán a la izquierda el cabezo de la Oliva, sobre cuya rocosa ladera hay un enorme caserío pintado de almagra y por el que pastan a diario rebaños de ovejas y cabras de la escasa población local.

Precisamente en el primer kilómetro del recorrido nos cruzamos con Francisco, ganadero y agricultor, que, como ya hemos podido comprobar -nos hemos cruzado con un numeroso grupo de senderistas británicos-, cuenta que la zona es muy frecuentada por extranjeros, «la mayoría alemanes».

Francisco va pendiente del rebaño, que sale en estampida en cuanto le ve llegar con su llamativa furgoneta amarilla. La hora del desayuno ha pasado y corren hacia el 'restaurante' para el almuerzo.

La vegetación, pese a las lluvias recientes, muestra claros signos de agostamiento. Hasta el esparto está gris, aunque algunas de sus nuevas hojas filamentosas comienzan a verdearlo. Y las albaidas, normalmente verdes, tiñen de un tapiz cetrino la zona.

Pisan suelo de cauce hoy seco, pero sus taludes confiesan que gozó de un más que abundante caudal. Tras el comedero ovino y un enorme meandro, aparecerán ante ustedes dos covachas, sin duda un rincón que albergó vida humana. Bajo ellas, ya estériles, permanecen las instalaciones de un antiguo pozo que nutrió a los habitantes y los cultivos de estas tierras: los restos del cobertizo de lo que parece que resguardó una antigua mina de agua y las instalaciones de un pozo que la extrajo del subsuelo. También quedan en pie parte de los canales por los que se condujo hasta Las Balsicas, hoy despedazados y a punto de derruirse. Los pinos, la mayoría secos, se alternan con los restos de pitas derrotadas, en parte por la cochinilla que le ataca, en parte por la pertinaz ausencia de lluvia.

Recorren territorios dominados por lo que fueron campos de cultivo de secano, hoy abandonados por los campos de invernaderos en los que crecen toneladas de tomates «mal pagados», confiesa Francisco, que aprovecha para asegurar que se encuentran sometidos a los irrisorios precios que impone la dictadura de las grandes superficies.

Poco después del pozo y las cuevas, deberán dejar la rambla para, pegados a una piedra con una flecha que indica en su dirección, seguir las marcas de la ruta BTT y continuar por la pista de la derecha (ascendente), en dirección a la Fuente de la Alameda.

Tendrán que caminar hasta el kilómetro 3,2 para llegar al punto más alto de la ruta, así que tómenlo con tranquilidad (aunque el desnivel acumulado subiendo no supera los 300 metros). Disfruten del paisaje, de los nuevos brotes de espliego que han favorecido las recientes lluvias, de los pajarillos -cuentan que en la zona abundan las perdices, pero no aparecen-.

La mayoría del recorrido discurre a pleno sol, así que estas fechas y hasta mediados de primavera son las ideales para realizarlo. Cuando vislumbren la infrautilizada AP-7, tendrán que girar, en otra bifurcación, a la derecha -si siguen las marcas de la ruta BTT no se perderán-. En el siguiente cruce de caminos, se encontrarán a escasos 200 metros de la Fuente de la Alameda, al frente y oculta a la derecha de la pista bajo pinos y palmeras. En la balsa alguien liberó peces de acuario, pero aún no se han comido todos los huevos y renacuajos porque croan y sobreviven las ranas.

De vuelta por donde vinieron -hasta el cruce-, sigan por el único camino que no recorrieron todavía. En este punto, las vistas son increíbles, el azul mediterráneo se muestra insuperable hacia el sur y hacia el este vislumbrarán la pared de Peñas Blancas.

Pueden reponer fuerzas e iniciar alegremente la vuelta para sumarse a la Fiesta del Rebuzno. Lo que les queda es coser y cantar. Un descenso continuado por una pista de tierra para, cogiendo en el último tramo la rambla de las Balsicas, llegar en otros 3 kilómetros al núcleo rural. Dejen que se pierda la vista en el horizonte marino, lo que encontrarán delante es una superficie casi al 100% plastificada -cosas de la agricultura intensiva- o fijen la mirada en los pequeños detalles del camino. Que lo disfruten.

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