La Verdad

Un sendero de Inazares al cielo

Cristina Sobrado, en el techo de la Región, Los Obispos, con increíbles vistas.
Cristina Sobrado, en el techo de la Región, Los Obispos, con increíbles vistas. / GUILLERMO CARRIÓN
  • Suba al pico de Los Obispos por la nueva ruta marcada, y saboree la naturaleza y la gastronomía de este pueblo al pie de Revolcadores

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Inazares, el pueblo de montaña que se encuentra a mayor altitud en la Región (1.340 m.) y a las faldas de su techo montañoso, Sierra Seca o Macizo de Revolcadores (como se conoce popularmente porque durante años se consideró ese pico como el más alto; 1.999 m.), está empeñado en superar el despoblamiento rural y convertirse en un punto de atracción lo suficientemente potente para que permita a sus habitantes, mayores y jóvenes, no tener que volver a emigrar en busca del futuro.

Fruto de este objetivo es el complejo turístico Caserío Inazares, que oferta hasta 110 plazas de alojamiento en casas rurales y, de ellas, 43 en casas-albergue, para practicar turismo de naturaleza, astronómico y deportivo, y complementa su oferta con actividades variadas de ocio y rutas guiadas.

En esta ocasión, para disfrutar de este maravilloso enclave, incluido en la Zona de Especial Protección de Revolcadores con casi 3.500 hectáreas, les propongo estrenar el recientemente señalizado Sendero de Montaña 'Ascensión al Pico de Los Obispos', que parte desde la misma plaza de Inazares y no tiene pérdida, ya que el itinerario está perfectamente indicado.

No obstante, los amantes de la bicicleta de montaña disponen de varios circuitos para disfrutar de su afición en un terreno especialmente preparado para ello y a una altitud ideal para ponerse en forma de cara a la competición. Además, también pueden practicar la marcha nórdica y aprovechar los beneficios físicos que produce, guiados por monitores.

Igualmente, la ausencia de contaminación lumínica ha llevado a la NASA a catalogar su cielo como el mejor de la Península Ibérica para la observación astronómica y en Inazares aprovechan esa cualidad para ofrecer a los visitantes, cuando las temperaturas se moderan, veladas nocturnas para pasearse por las estrellas a simple vista, con prismáticos o telescopio, guiados por la mano experta de Simón García, profesor de Astronomía y presidente fundador de la Asociación Astronómica de Murcia.

Sin dejar ningún detalle a la improvisación, en el pueblo también se ofertan rutas ornitológicas para apreciar la abundante variedad de aves que frecuentan este agreste paraje, como los carboneros común y garrapinos, agateador, herrerillo capuchino o piquituerto, a los que se suman en estas fechas el ruiseñor -durante el recorrido escuchamos a los primeros que han llegado a la zona- y la calandria; entre las aves también se cuentan rapaces como las poderosa águilas real y calzada, el búho real, el halcón peregrino y el cernícalo primilla.

Y, además, los más pequeños pueden participar en el taller de elaboración de pan y tortas con chocolate, que todos los sábados por la tarde organiza el Caserío Inazares, gratis para los que están alojados; darse un paseo en burro, hacer una batalla de 'paintball', practicar escalada o lanzarse por una tirolina.

Pero, dejemos a un lado todas las posibilidades de ocio de esta pequeña pedanía moratallera para otro momento, cojan la mochila y comiencen la ascensión a Los Obispos por un itinerario asequible y que discurre por suelo público, sin olvidar que la altitud es un hándicap que tienen que afrontar con calma, junto a unos 16 km. de ruta (ida y vuelta), sobre todo si no están entrenados.

El camino les aleja de Inazares en dirección ascendente y, nada más pasar el restaurante El Nogal, deben seguir hacia la izquierda (sigan siempre las señales), primero entre campos de cultivo y por un sendero que, al principio, discurre paralelo a la pista forestal, que tomarán en algún tramo. Tras seguir unos cientos de metros por la pista y llegar al collado, deben coger un sendero hacia la izquierda (a la derecha van hacia el santuario de la Virgen de la Rogativa).

A partir de aquí, el camino se interna en un pinar y da un respiro en la ascensión. Pasarán junto a la Fuente del Pino, una pequeña pradera con una pinada de laricios colonizada por el muérdago y un abrevadero que atrae a todo tipo de animales, de jabalíes a ginetas, pasando por perdices y zorzales. En el camino verán encinas, sabinas albares y negrales, y, cómo no, lentisco, enebro, y tomillo que, según asciendan, irá siendo sustituido por lastonares y especies endémicas como 'Euphorbia nevadensis' o 'Santolina elegans'.

Después, descenderán un primer barranco que les llevará directos y sudando la gota gorda, a la zona de lapiaz desde cuyos riscos nos observa una pareja de cabra montés, muy abundante por estas tierras.

Luego el sendero, labrado a pico y pala y delimitado por piedras, entra en la umbría y discurre pegado a una enorme pared, la que cierra por su margen derecha el barranco de la Cueva de Las Covachas, que luego cruzaremos. Antes de hacerlo, giren su vista a la izquierda y verán, en lo alto, una enorme cueva, cuyo último uso fue el de redil de ganado y que pudo estar habitada ya en la Edad del Bronce y, posteriormente, en época islámica, como confirman trozos de cerámica esparcidos por la zona. Curiosamente, en la boca de esta cueva, que en invierno cierran enormes carámbanos de hielo, un nido del diminuto chochín ('Troglodytes troglodytes') espera tener nueva ocupación.

Seguimos el sendero y, tras cruzar el barranco, la pendiente se acentúa por un serpenteante camino que les conducirá, tras dejarse la piel, de nuevo a la pista forestal. Ya queda menos de la mitad del camino. De la pista forestal deberán salir por un sendero, a la izquierda, perfectamente señalizado y con un cartel informativo a su inicio, que, también empinado, les sube a la cresta entre pinos encanijados y deformados por la nieve y el viento. La senda les conducirá directa a la cumbre del Pico de Los Obispos -no sin esfuerzo-. Allí Medio Ambiente ha instalado un nuevo buzón de cumbre -el anterior fue sustraído por algún vándalo- e información sobre especies de flora características como el arce de Granada o la sabina albar. Tomen aire, repongan fuerzas y disfruten de las amplias y maravillosas vistas antes de iniciar el camino de vuelta.

Ya en el pueblo y antes de marcharse, visiten a Boni y Marcela; regentan el restaurante Revolcadores, uno de los dos de Inazares. Allí, la comida tradicional moratallera como la olla de muerte marrano (si no aprieta el calor les recomiendo probarla), las migas o el caldo con pelotas, se dan la mano con platos tan levantinos como el arroz con bogavante (una de sus especialidades). Los postres, todos caseros, son para chuparse los dedos y ponen el punto y final perfecto a una jornada de dulce.