La Verdad

Desbordada juventud

Alberto Sánchez Sahuquillo, Alejandro Bautista Muñoz y su hermano Daniel.
Alberto Sánchez Sahuquillo, Alejandro Bautista Muñoz y su hermano Daniel. / Vicente Vicéns / AGM
  • Nada Escrito abre sus puertas con dos propuestas diferentes basadas en platos de cuchara y en divertidas elaboraciones

Siempre que escucho la frase que ha inspirado al nombre del restaurante que nos trae hoy aquí, Nada Escrito, ese dicho popular de 'sobre gustos no hay nada escrito', me viene a la cabeza la contestación que me dieron hace muchos años al respecto y que yo hago mía cada vez que alguien la pronuncia como colofón a una discusión: «A lo mejor sí está escrito y el problema es que leemos poco...», suelo replicar. En el caso de Nada Escrito ocurre un poco esto; salsas muy conocidas, repeticiones de sabores en distintos platos, abuso de toques orientales, apuesta de platos funcionales, pero todo envuelto en un aura de frescura, de una visión jovial de la cocina que, a poco que haya un poco más de coordinación y estrategia, el restaurante se posicionará entre los habituales de la capital murciana.

Según me cuenta el camarero, el cocinero viene de haber estado trabajando un tiempo en el restaurante Madre de Dios, enfocado a un público muy joven. Sin embargo, la clientela que se puede ver en la sala de Nada Escrito es de señoras que buscan propuestas diferentes y platos de cuchara, y jóvenes aburridos de comer siempre lo mismo que empiezan a descubrir sabores diferentes.

Los bancos pegados a la pared que hacen de asientos en las mesas del comedor no son del todo cómodos. La mesa queda muy baja y dificulta el reposo, aunque la reforma, la decoración del local, es agradable.

Caballito rebozado con cereales del desayuno con mahonesa de soja y salsa dulcepicante -la de los chinos- y germinados verdes en lo que parece ser un 'no se me ocurre nada más que ponerle a la gamba' da comienzo al baile. Evidentemente, ni rastro de sabor a marisco. El wan tun de pato a la provenzal con salsa hoisin con cítricos es uno de los bocados más redondos. De hecho, según pone en la propia carta, ganó el premio a la mejor tapa del 2006 en Murcia. Relleno en casa, como el ravioli de carrillera con salsa de trufa -bechamel- y foie, que también viene acompañado de unas virutas de cebolla frita. El plato es ciertamente contundente, sobre todo porque la cantidad de relleno de la pasta resulta impropia en la hostelería media murciana, hecho que eleva el bocado un escalón con respecto a lo establecido. Muy rico.

Deslucido, sin embargo, encuentro el huevo poché con foie y bechamel de trufa. ¿Os suena la combinación? El huevo se ha pasado medio minuto al fuego y la yema no está lo cremosa que debería, sin comentar la insistencia del chef en el acompañamiento.

Un rico pan bao relleno de tocino de chato murciano y salsa hoisin -otra vez- con hojas verdes representa a la perfección la visión del restaurante de los montaditos. Para terminar, un tartar de salmón con una fuerte maceración en soja de sus elementos: salmón, aguacate y cebolla. Lo acompaña unos innecesarios refregones de sirope de frambuesa, a modo de manchar el plato, y una mahonesa de soja.

La versión de la leche frita también tiene el punto de una cocina con intención. En vez de freír la masa de leche espesada con harina, el plato está compuesto por una pasta brick rellena de crema pastelera acompañada de un enredado de dulce de leche y canela y un helado que proporciona un buen contraste de temperaturas.

En definitiva, Nada Escrito abre sus puertas con buen pie, con la frescura de quien no quiere hacer lo mismo que los demás, pero con una evidente falta de preparaciones que da lugar a reiteraciones en los platos, y que aún debe ajustarse a los paladares del amplio público capitalino. También con una imprescindible revisión a los vinos.