La Verdad

«Mis cuadros reflejan mis miedos»

Luca Brox, con dos de sus obras.
Luca Brox, con dos de sus obras. / Nacho García / AGM

Lo que Lucas Brox (Mucia, 1986) ha bautizado como 'El ocaso de la multitud' refleja «diferentes etapas del alma, por decirlo así, o de la personalidad humana. Son obras bastante oscuras en su mayoría, separadas por series, para tratar distintos temas: la familia, la religión, el mundo del arte... Las he realizado empleando toda clase de técnicas: óleo, dibujos con pintura o mezcla de acrílico y óleo. La mayoría tiene como pintura arrojada y otros materiales». En total, treinta piezas que integran la exposición en la galería Léucade.

Y, ¿cómo puede un artista captar el estado o las etapas del alma humana? «La verdad es que esta exposición está compuesta por cuadros que, en parte, reflejan mis sensaciones personales, mis propios miedos o mis propias visiones. No es que sea una representación del alma, sino algo más personal». ¿Consigue lo que quiere? «Lo que pretendo es, principalmente, indagar en la pintura. Recuerdo que la primera exposición que hice, en el Centro Párraga, mi obra representaba una visión más pictórica, que se quedaba en retratos, con un significado más preciso. Y dentro de mi deseo de búsqueda y experimentación pictórica, he querido aplicar un sentido dentro de cada serie. Por ejemplo, la dedicada a la familia ofrece obras muy abstractas, pero en las que se nota por pequeños detalles, no porque se trate de retratos, que hay personas mayores y niños». Lucas Brox alude también a la serie dedicada a la pareja, «en la que cuesta más distinguir entre hombre y mujer», y a la que denomina 'Alma negra', que «entraña un proceso de construcción de una cara, desde la nada. Cada obra lleva su título, pero yo no quiero informar de lo que pinto, porque busco que cada persona que contemple mis obras se haga sus propias reflexiones».

¿Qué es eso de 'pintura arrojada' a la que se refería? «Es que me gusta que cada obra tenga su parte de accidente; o sea, que surja de un accidente sobre el que yo empiezo a trabajar. Es como ver en una mancha algo interesante y trabajar sobre ella. De acuerdo en que una pintura realista es más trabajosa, pero lo que yo hago ahora también es pintura muy efectiva. Creo que, con el tiempo, me he visto sometido a un voluntario proceso de evolución. Es cierto que, en determinadas obras, puede apreciarse que hay una dosis de realismo, pero también expresan que arranca de una mancha. Lo que quiero hacer en el futuro es juntar, de modo natural, realismo y manchas; lo expresivo por una parte y lo figurativo por otra; y, de este modo, acercarme a algo, que, aunque no sea más personal, ni nada nuevo, sí que me llene más».

¿A qué se debe este afán cambiante? «Obedece a que me encuentro en ese momento de exploración, con el que quizá estoy más contento que con mi primera época de dibujos más realistas o de simples retratos». ¿Es posible resistir tanto evolucionismo en una época casi juvenil? Insisto: la evolución es una búsqueda constante, que también obedece a un estado de ánimo, y porque creo que todo artista tiene obligación de reflejar lo que contempla en la sociedad; aunque también pienso que es libre para hacer lo que quiera. No busco criticar a los demás, hagan lo que hagan, sino reflejar en mis obras mi opinión, mi visión de la sociedad y del mundo».

¿Tiene muy en cuenta su estado de ánimo antes de comenzar un cuadro? «Ahora menos, aunque hay quien, al ver mis obras, piensa que son muy fuertes, muy oscuras; pero esto no quiere decir que esté atravesando una etapa de depresión, entre otras cosas porque, generalmente, me encuentro en una situación positiva a la hora de enfrentarme a mi pintura. También hay quien me dice que mi obra se parece mucho a la de Francis Bacon. Es una comparación fácil que ni me gusta ni me disgusta».

Pero, ¿le molesta que lo comparen con Bacon? «Me gusta mirar mucha pintura, pero intento dejarme influenciar lo menos posible. Lo que sí hago es, si veo alguna técnica que me atrae, la pruebo, y en algún cuadro la voy utilizando, por si me encuentro bien en ella; pero la verdad es que no me he dejado influenciar ni en estilos ni en temáticas. Yo pienso que el artista debe tener un estilo propio, fiel a sí mismo, y ha de trabajar libre de lo que digan los demás o de las comparaciones que hagan».

¿Hasta dónde va a llegar, si ya confiesa que lo suyo es vivir inmerso en un proceso evolutivo? «Tengo inquietud y me surgen ideas, pero, evidentemente, no tengo claro hasta dónde voy a llegar, evolutivamente hablando. Sí quiero indagar en todo lo que entraña esta exposición, en lo que he dicho antes de la parte oscura del alma. Quizá va a ser una etapa de un par de años trabajando sobre esta dinámica, pero no me plateo si voy a ir hacia la abstracción pura o hacia el conceptualismo».