La Verdad

Picoteo por el centro

Exterior de El Tranvía, en la Calle Mayor de Cartagena.
Exterior de El Tranvía, en la Calle Mayor de Cartagena. / J. M. Rodríguez / AGM
  • El Tranvía es un local con una amplia oferta gastronómica basada en tapas y entrantes para compartir, con algunos platos contundentes

El Tranvía es uno de aquellos locales que florecieron con la efervescencia de la cocina -mal llamada- moderna destinada a satisfacer a quienes empezaban a demandar tapas y aperitivos diferentes a los ya conocidos caballitos, tigres y calamares rebozados. De aquellos locales no quedan muchos. Es lógico que una cocina que se sustenta en la decoración de platos con reducciones de vinagre balsámico, acompañamientos de todos los platos por diferentes mermeladas -recuerden el queso de cabra a la plancha- y croquetas rebozadas con frutos secos no vaya muy lejos, puesto que si no te implicas, renuevas y actualizas con las tendencias y con la demanda de tus clientes, los cuales, por cierto, cada vez saben más, exigen más y pagan menos, el futuro no es muy prometedor. Enhorabuena, Master Chef.

El caso es que El Tranvía es una buena versión de estos locales en peligro de extinción. La idea es la misma; una carta repleta de platos de todo tipo, un toque personal en cocina y un precio ajustado al bolsillo medio del cartagenero.

Para picar, tostas, ensaladas, mini burguer, sándwiches, bocatas, revueltos, fundys -bocatas con pan de tosta- para niños y once platos de carne y pescado para terminar. O lo que es lo mismo: espárragos y setas al roquefort, calabacín con salsa de queso gratinado, ensalada de jamón, brotes y lascas de foie, hamburguesas de carrillera de cerdo con confitura de manzana y cebolla crujiente o presa ibérica, merluza a la plancha y chuletón de buey, como ejemplo.

Esperando con la primera caña, el camarero me ofrece una tapa a base de pastel de carne con huevo y un poquito de alioli que recibo con los brazos abiertos. Empiezo con una versión de las patatas bravas. En este caso la papa es fresca y aunque la salsa no se ciñe a los cánones estrictos de la receta de las bravas, el plato es un buen entrante para compartir.

Más jugoso encuentro el 'Castillitos de curry y mango', que no es más que unas tiras de pollo adobadas en ajo y perejil que enternece la carne antes de ser rebozada ligeramente en pan. Viene acompañado de una salsita de curry y mango. Ideal para ir comiendo con los deditos. Muy rico.

La tempura de verduras tiene buena presencia. Pimiento, calabacín, cebolla y berenjena cortada en bastoncitos con un rebozado crujiente aunque un tanto aceitoso. Una pizca de sal o un poquito de salsa de soja al lado no le vendría mal. Bastante mejorable encuentro la tosta de berenjena con tomate y anchoas. De grandes dimensiones, eso sí, la tostada cumple lo que promete en la carta, pero con poca gracia.

El revuelto con jamón y ajetes se presenta jugoso, emplatado en un molde redondo para darle una visibilidad más atractiva; solo echo en falta unas tostadas calientes junto al plato para ir cargando sopitas de huevo, y unos ajetes más frescos. La hamburguesa también tiene margen de mejora. De hecho, la primera que me sirven de churrasco de ternera con chili picante no solo no tiene matices de pimiento picante, sino que la carne está tan apelmazada, tan pasada de cocción, que dudo mucho que esté cocinada al momento. Tanto es así que el servicio se percata del error y me ofrece otra, esta vez sí, jugosa, tierna, picante y en su punto de cocción. Si la hamburguesa no suelta un leve juguito transparente al hacer presión en ella, es que la carne lleva un tiempo picada o el cocinero la presiona en la plancha en un claro 'hamburguesicidio'. Si está dura como las piedras, lo más probable es que la carne ya haya conocido la plancha o el horno anteriormente. Termino con un crep relleno de helado y sirope de chocolate y un asiático cartagenero; más equilibrado y contundente que el propio dulce.